Una comparación entre la revolución francesa y la revolución “neofeminista”

Alicia Díaz
Sep 2, 2018 · 4 min read

A raíz de la sentencia de La Manada hemos podido observar las movilizaciones de miles de mujeres que gritan “No es abuso, es violación”. Las redes sociales ardían bajo el hashtag #noesno. Centenas de hembras protestan contra la justicia española culpando al sistema heteropatriarcal que tanto las oprime. No son más que una turba violenta y furiosa. Caótica y pobremente informada. De allí proviene el peligro porque no es la primera vez en la historia contemporánea.

Muchos historiadores consideran que la época contemporánea comienza en 1789, una revolución liberal que se estanca en el mismo momento que deja de mandar el raciocinio. Era evidente que Francia necesitaba un nuevo sistema político y fiscal, y que había que deshacerse de una clase dominante corrupta y privilegiada desde el nacimiento. Las malas cosechas de 1788 y la pobreza general que se veía en el país hizo que ilustrados como Rousseau escribiesen tratados como “El Contrato Social”. Unos meses después de la caída de la Bastilla, símbolo del poder absoluto de Luis XVI, se aprueba la Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano. En dicho documento, se declara que todos los seres humanos nacen iguales y que todos tenemos derecho a la presunción de inocencia.

¿Cómo pudo degenerar en el Reino del Terror?

En el mismo instante en el que marionetas enfurecidas por dos o tres radicales tomaban las calles.

En el mismo instante en el que se pide justicia popular, guiados por sentimientos como el odio o la envidia y no por los hechos objetivos.

No puedo evitar pensar en Jean-Paul Marat o en Maximillien Robespierre cada vez que escucho a Irantzu Varela. El feminismo nace a principios de siglo XX, a causa de la discriminación que sufren las mujeres en la sociedad. Una lucha tan legitima como la de 1789, que buscaba igualdad para todos los franceses. A día de hoy, el articulo 14 de la Constitución del 78, dicta que todos los españoles somos iguales ante la ley. Desde 1980, es ilegal pagar menos a una mujer que a un hombre. Nuestro código penal castiga la violación y no protege en ningún sentido a violadores. A las nuevas Robespierre les quedan pocos motivos legítimos para su lucha y por lo tanto, recurren al poder que ejercen las masas en la sociedad moderna.A finales del siglo XVIII, Marat pedía la cabeza de María Antonieta y ahora, a principios del siglo XXI, Irantzu pide una guerra contra los hombres.

El argumento que utilizan las nuevas revolucionarias contra todo aquel que se les resista es el insulto de “machista”. Esta misma táctica ha sido utilizada en numerosas ocasiones por regímenes totalitarios como la Francia de 1794 o la Alemania de 1939. Se manipula a la población para que sea agresiva hacia todo aquel que no siga los dogmas de los líderes supremos. Si bien en la Francia Revolucionaria podías ser denunciado por ser “Contra revolucionario” al Comité de Seguridad Pública y luego guillotinado, ahora existe una nueva forma de acoso a disidentes, Twitter y demás redes sociales. Basta con que un usuario te llame “misógino” o “machista” para que miles de usuarios vengan detrás exigiendo justicia.

El radicalismo sólo tiene en cuenta dos colores, blanco y negro. No existe el gris. En 1794, o estabas con Robespierre o estabas con el despotismo monárquico. En 2018, o estás con Irantzu o estás a favor del abuso y de la violación a las mujeres. Para muchos liberales la Revolución Francesa terminó cuando se aprobó la Constitución de 1790, pero para los radicales como Marat, Robespierre y otros jacobinos, aquello sólo acababa de empezar. El poder corrompe, tanto en 2018 como en 1794. Robespierre se veía a si mismo como un ser supremo y por lo tanto, buscaba el control total de la sociedad. La manera de establecer este control era mediante el miedo y la angustia ante un feroz enemigo. Si bien antes eran los austriacos y los prusianos, ahora son los hombres. Caracterizados por todos los medios como posibles agresores. Como los jacobinos en la época, las líderes feministas conocen muy bien la importancia de mantener este miedo y estos sentimientos si quieren seguir recibiendo 200 millones anuales. en forma de subvenciones.

Es triste ver cómo los medios de comunicación consiguen manipular los pensamientos y sentimientos de la población española, en su mayoría mujeres, para conseguir ciertos intereses de poder. Igual de desalentador es el hecho de que disfracen de igualitarias cuando sólo promueven odio y tensión entre los dos géneros. Similar a la Francia de Marat, cuando todo se justificaba bajo el lema de “Liberté,Egalité,Fraternité”. Si queremos evitar un destino tan terrible como el de la Revolución Francesa debemos luchar por la libertad de pensamiento y de prensa. La libertad de ser políticamente incorrectos y la libertad de disidir de aquellos que buscan manipularnos. Rousseau, Montesquieu y. Voltaire demostraron que la única manera de conseguir ganar esta guerra era mediante la educación y la cultura. Tenemos la obligación de luchar por los ideales que han hecho de Occidente una gran civilización. Los valores detrás de nuestras constituciones y nuestros filósofos ya que gracias a ellos nos encontramos en estados democráticos. Estas ideas totalitarias disfrazadas de libertad e igualdad amenazan la verdadera libertad una vez más y no podemos permitirlo.

Alicia Díaz

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Nací en el año en el que el miedo ganó a la razón. Soy pesimista y compartir mis preocupaciones y desvelos me hacen sentirme un poco mejor.

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