lo real, lo simbólico, lo imaginario y lo virtual.

ayer en la entremesa (iba a corregir por ‘sobremesa’, pero el fallido me viene bien porque en mi casa hasta los temas más polémicos se empiezan a hablar mientras se come) y gracias a mi hermano tecnológico salió a la luz el asunto de la VR, especialmente ahora que están saliendo al mercado los ‘cascos de VR’ o ‘VR headsets’ (Oculus Rift).

se dijeron las cosas usuales; lo increíble que la tecnología haya avanzado tanto, que hayamos llegado a esto como humanidad, que se puedan abrir tantas puertas con este ‘nuevo descubrimiento’. yo escuché más bien en silencio, ya que se me ocurrían demasiadas cosas como para si quiera empezar con alguna.

se me venían dos imágenes a la mente que no podía dejar de pensar. la primera, una imagen que circuló por las redes sociales hace muchos años (años antes de que la posibilidad de estos lentes fuera real), en la que un niño vestido en harapos, sucio y tirado en la esquina de un piso igual de sucio que él, en una habitación vacía y descuidada, tiene puestos los anteojos de realidad virtual en los que ve un arco iris, la ‘felicidad’ (o, al menos, otra realidad -una mejor-). ahí encontré la imagen, la adjunto. está ‘plugged in’, conectado, enchufado a la realidad virtual. es una imagen bastante obvia y suscita las preguntas que se esconden detrás de los típicos comentarios respecto al ‘avance’ y el ‘progreso’ de la humanidad. ¿acaso puede considerarse un progreso una herramienta que nos enchufa a una virtualidad real (¿virtualidad real o realidad virtual?) y nos aísla de la realidad del mundo?¿cuántas horas se puede estar desconectado de ‘la realidad’ y conectado a ‘lo virtual’? ¿cuántas vidas ‘reales’ descuidadas resultarían?

(otro adjunto, la posibilidad de vivir la experiencia del aislamiento social cuantas horas uno pueda aguantar)

la segunda, tiene que ver con el video ‘Do the evolution’ de Pearl Jam, gran tema y video musical plagado de simbolismos y mensajes a la sociedad actual. y la imagen que me quedó grabada es la misma que me suscita esta conversación; un gordo en una habitación desagradable, enchufado y conectado a la VR por medio de distintos tubos y artefactos (en distintas partes del cuerpo — entre ellos el Oculus) gozando de su fantasía perversa como si la misma fuera real (la fantasía se las dejo a ustedes, otro tema a polemizar).

no sé. me quedo callada. me quedo pensando. incluso, siento una especie de malestar. ¿qué alcance tiene todo esto? ¿de qué sirve la VR? ¿qué tipo de utilidad le podremos dar?

veo videos en youtube de gente pasándola mal, cagándose de miedo hasta la médula metiéndose tanto en la realidad virtual de un juego de terror que se encuentran literalmente temblando al dispararle (estamos hablando de disparar) a alguien o a algo. ¿qué hay respecto del goce que se encuentre en todo esto? ¿qué hay respecto de todo lo que el cuerpo pueda sentir, lo que el cerebro pueda percibir como real?

por ahora, podemos resguardarnos en que tan sólo es un casco (o unos anteojos), y que si las cosas se ponen muy feas (o demasiado intensas), siempre nos los podemos sacar.

¿no?

(recomiendo la serie Black Mirror)