Hoy extendí mi mano buscándote
Obviamente ya no estabas
Yo que mas quisiera dejar de pensarte, de extrañarte, de escribir y hablar sobre ti pero eso ya no se puede. Eso que tanto temí, está sucediendo: tu presencia esta viva y no deja de perseguirme, no existen ya momentos en los que no perciba tu esencia y me diga algo. Tantos años me cargaste acuestas, y ahora te has trepado tu para irme susurrando al oido cómo vivir porque sabes que yo siempre he sido muy bruta para saberlo.
¿Sabías que mis ojos están secos? ¿que después de la operación se resecan y todas las mañanas me duelen porque necesitan lubricación? Me han recetados gotas, se llaman “lágrimas artificiales” y juro que todo este tiempo quise llorar, como cuando era niña, como cuando sentía la frustración de no poder retarte y ser mas grande que tu y lloraba por horas y horas hincada y derrotada… no he podido volver a llorar así.
Quizá no deberías dolerme tanto. Tu edad, la mia. Es lo normal. La gente se va y yo fui afortunada en tenerte los años que te tuve. Pero es que con tu partida rompiste tantas promesas, y tu sabes que yo no sé que hacer con las promesas rotas. Me han dicho, que ya debería superarlo, que ya soy un adulto, que estas cosas pasan, que tengo que madurar, pero ¿qué saben ellos de cómo te extraño? ¿Qué saben ellos de nuestra historia?¿Qué saben de las verdaderas razones? Si yo, en un ridiculo intento por esclarecerlas, he escrito esto y no parece mas que un lamento mas por la muerte de alguien mas?
Quedémonos así, quizá es que aunque me negué muchos años a aceptarlo, hay cosas que no pueden explicarse con palabras. Vamos solo a sentirnos. Quizá por eso hoy me dolió tanto extender mi mano y no sentirte, como estos meses habia sido. Desde que te fuiste, tu mano siempre ha estado ahi.