Entrada 1: comencé a escribir.
Siempre quise escribir un cuento o una novela. Considero que los grandes escritores tienen o han tenido grandes vidas, llenas de drama o anécdotas fantásticas . Es más fácil haber escrito el viejo y el mar habiendo vivido en cuba que simplemente plasmarlo de la pura imaginación.
Las grandes historias están repletas de experiencias propias de sus autores y decoradas con piscas de ficción. Eso era lo que me hacía falta, tenía toda la ficción lista para ser usada, pero tan poco que recordar.
No fue hasta hace unos dos años atrás en la que mi vida tomó el rumbo de la vida de escritor que siempre quise tener, pero que jamás pensé obtener.
Quiero ser muy claro, con una vida de escritor no me refiero a una vida de glamour o bohemia. No me refiero a todas esas cosas ajenas que la gente romantiza al leer las biografías de sus ídolos y piensa que siempre hay algo de “locura” en todos los genios del arte.
Sino a una vida llena de dudas, empapada de depresión y muchos cuestionamientos. Una vida en la que te pasas años persiguiendo un objetivo y al momento de conseguirlo te sentes más vacío y confundido que al principio.
Es ese el momento en que me encuentro ahora. Me enfrento a los comienzos de la depresión y no por sentir que mi vida esta yendo de mal en peor. Sino porque estoy consiguiendo todo lo que siempre había querido, pero me doy cuenta que es algo que ya no quiero y cada vez me encierra más y más en una vida que todo el mundo admira desde lo lejos pero no se acerca lo sufíciente para sentir la ediondes detrás de ella.
Se que el desenlace de este sufrimiento solo tiene dos escenarios. Terminar como el propio Hemingway o conseguir la fuerza para vencer los prejuicios y mandar todo a la mierda para por fin poder ser feliz a mi propia manera.
Créanme, quiero vencer a la depresión y a las inmensas expectativas de los que me rodean, pero no se si tendré la fuerza para combatir a esos demonios.
