Los prejuicios, el guante de látex y la anatomía humana

Hace un tiempo fui a una exposición de anatomía, a partir de esa experiencia escribí una historia corta y pinté una acuarela. Luego mi hermanita menor trabajo en ilustrar esa historia que hoy compartimos….

Esta es mi acuarela.

La fila

Estoy en una fila relativamente larga, siento mis pies pesados y gotas de sudor bajando por mi frente, estoy cansada de subir las escaleras del edificio de medicina hasta el tercer piso; aún no me acostumbro a las escaleras de la universidad. ¡Se me sale una sonrisa! Cansarme y no estar acostumbrada me recordó que soy de primer ingreso en la Universidad de Costa Rica, más me vale disfrutar debidamente este año; además de agotada también estoy nerviosa, hay mucha gente aquí y todos se ven demasiado serios, mejor tomo un poco de agua, que bueno que siempre llevo una botella conmigo, así no tengo que tomar del tubo, un muchacho con las manos muy sucias acaba de tomar agua de ahí… Me limpié el sudor de la cara con mi suéter… Seguro mi suéter también estaba sucia. Oh!… Bueno ¿Ya que? Saco mi novela favorita para leer mientras tanto, porque la fila avanza lentamente, es una novela juvenil y estoy en medicina y este libro empieza a verse ridículo aquí dentro, pero no creo que nadie me este viendo, ni que yo vaya a volver a ver a las personas que están aquí, a menos que me cruce con… Lo dudo. Entonces leeré.

Estas ilustraciones son las de mi hermanita, esta se llama “La fila”. Y es, obviamente, la muchacha haciendo fila.

La fila avanza cada cinco minutos. ¡Genial! Me va a dar tiempo de irme a las 3:30 pm, como lo planeé. Al final de la fila venden “solo” como lo dijo el vendedor, un guante de látex por persona a cincuenta colones, los guantes que tienen son blancos, lástima, prefiero los celestes, me pongo el guante con dificultad en la mano derecha. Suena un timbre y entramos a una sala muy desordenada, yo habría tapado ese montón de pupitres apuñados de la esquina, seguro ellos no los taparon por que eso no importa. Una muchacha de piel pálida nos da las instrucciones para el recorrido, se me ocurre que su piel se ve tan blanca debido a la luz fluorescente, esa luz siempre hace a las pieles verse opacas.

Esta se llama “El Desorden de pupitres”.

El cíclope

Empieza el recorrido, la primer sección trata sobre el estudio de los fetos, uno de los expositores es apuesto… ¡Fijo por eso lo pusieron al frente! Hay fetos de diferentes tamaños dentro de tarros de vidrio, con líquidos amarillos en tonos que varían. ¿De donde los sacaron? ¿Que tan antiguos son? Uno de los fetos solo tiene un ojo, como un cíclope… ¿Las personas cuando somos fetos, primero tenemos un solo ojo, como cíclopes y después se nos divide en dos? Esa idea me da una emoción extraña.

Esta es, ella imaginando al cíclope.

Primero cuentan sobre el espermatozoide y su cola, ella sirve para la movilidad de el, luego es desechada, porque quien porta el material genético es la cabeza del espermatozoide… Yo había expuesto sobre el sistema reproductor masculino en la escuela y la explicación de estos muchachos, me recuerda algunas cosas. Me emociono cuando hablan sobre la fecundación, me imagino al espermatozoide todo esforzado para llegar al ovulo y el ovulo diciéndole “¡Siga siga! ¡Falta poco¡” Me parece muy hermoso ¡Y se me escapa otra sonrisa de la cara! En medio de la explicación sobre las primeras cuatro semanas del embarazo “La etapa Embrionaria” una etapa donde el feto corre muchos riesgos para lograr su formación y trato de disimular mi alegría ahí porque no da lugar en ese momento… Suena el timbre, anuncia el cambio de sección en el recorrido. Pero yo igual me quedo un poco más para preguntar sobre el feto de un ojo, pensando ilusionada que todos fuimos criaturas mágicas antes de ser humanos. Pero no. El feto era de un bebé que no pudo nacer por que tenía esa malformación, pensé en el dolor de esa madre y sentí tristeza, además de mi desilusión. Los humanos nunca fuimos cíclopes. Adiós a mi fantasía de ciencia ficción…

La familia

El guante de látex, tomando el hueso con el liquido amarillo al lado.

Estoy en la sección del sistema óseo, ese no es el nombre oficial de esta sección, pero no pude oír el titulo por quedarme a preguntar sobre los humanos-cíclopes-falsos. Se hace un caos con los encargados de exponer, unos salen, otros entran, parece un cambio de turno e interrumpen la explicación… Así como yo interrumpo mi historia, habría sido mejor que los muchachos terminaran este turno, porque ya había empezado, aunque estuvieran cansados y quizás hubiera sido mejor que yo hubiera seguido con mi historia y omitiera la interrupción al contarla… En la sección del sistema óseo o el nombre que sea que tiene, tenemos permiso de tocar los huesos, yo toco uno muy delgado y largo, va en alguna parte de nuestras piernas, es un hueso muy delgado. La columna vertebral es muy bonita, si una pequeña parte de ella falta, o se cambia de posición, colapsaría, se necesitan de todas las partes en orden para que funcione, debe tener unidad y orden, como una familia.

En el sistema respiratorio me preguntan a mi y a los demás, si fumamos, respondemos que no, también nos preguntan si tenemos diabetes y la respuesta es de nuevo no, “que sanitos que vienen” dice la muchacha. Me siento halagada. Toco los pulmones y se sienten duros, yo me los esperaba mas blandos.

¡Estas personas pueden ser amables! Hace rato, cuando estaba haciendo fila, me estaba juzgando a mi misma por sacar I’ll Give You The Sun, pensé que era ridículo leer literatura juvenil sobre adolescentes, rodeada de estudiantes de medicina, me avergoncé de mis gustos por no ser “tan intelectuales” como lo sería si estuviera leyendo a Nietzsche… También estaba juzgando a los estudiantes de aquí, creí que eran pedantes y que me juzgarían por leer ese libro, pero la verdad es que cada uno de ellos esta ocupado en su propia realidad, no les importa la mía ni lo que yo lea… ¿Por que tengo esos prejuicios sobre ellos?

Recupero mi atención en la sección de sistema respiratorio, tienen la mitad de una cabeza cortada por la mitad, como una muestra de la nariz en la mesa; nos cuentan que en la nariz hay unos cuartitos donde los mocos se guardan, unos los guardan hacia abajo y otro, el que esta mas escondido, tan escondido, que no se puede ver en la muestra; la cual no toco, posiblemente es la única cosa que no toco en todo el recorrido; ese cuartito de la nariz que esta tan escondido el bandido, ese malvado, ese, es el que guarda los mocos hacia arriba y por eso es el mas difícil de evacuar y por eso es que se me tranca tanto la nariz, ese es “el malo de la película” dicen las expositoras. De seguro el de mi nariz tiene complejo de productividad, porque se pasa llenando de mocos día y noche, no importa cuantas veces lo obligue a evacuar.

Los cuartos de los mocos en la nariz.

Lo ultimo del recorrido

No me gusta que ese pene parezca cocinado. ¿Porque el bello púbico es tan rubio? Por el líquido que usan para conservarlo; es la respuesta que me dan, ese líquido huele raro. Ahora estoy haciendo un papanicolau en la vagina de una muñeca de plástico; es muy fácil, se hace con una cosa de plástico o metal que parece como una boca, se usa para abrir un poco la vagina, y después se toma una muestra de los fluidos internos de la vagina con una paleta, cuando lo hacen a una persona, usan un tipo de lubricante, para no lastimar a la mujer que se lo hace. Me pregunto por que a mi me dieron tantas cosquillas cuando me lo hice, ni que uno moviera tanto la paleta… Quizás los prejuicios que tenía con los de medicina antes de venir aquí, los creé a partir de mi vieja amistad con Fernando, en el colegio, él estaba aplicando para estudiar medicina en la UCR; era muy pedante, cuando se emocionaba con algo, el capitalismo, una banda, un escritor, etc, me hacía preguntas sobre ese tema, yo casi no sabía nada y entonces me decía “debería informarse más sobre tal cosa y no ser tan cerrada”… Al final él entró a enfermería.

La muchacha, Fernando y alguien mas, en el pasillo.

El timbre del recorrido me devuelve a la realidad, paso al sistema cardíaco y luego paso por otros más. En cada sección siento que están hablando de mi, no como una crítica, como si yo fuera muy importante para ellos, si no, como si estuvieran recorriendo mi cuerpo; puede ser porque los sistemas de los que exponen, no son solo eso ahí en la mesa, esos órganos están dentro de mi. No son solo cosas que toque con el pegajoso guante blanco, son representaciones de mi cuerpo y del de mi mamá, de mi papá, de mi amiga o de la hermana de mi amiga y del cuerpo de todos. Con razón siento que la expo es personal aunque no lo es.

Las escaleras

Al final del recorrido, luego de haber tocado todo lo que quería, me quito el guante con la mano izquierda y voy a los lavatorios a lado de la puerta. Creí que todos los estudiantes de medicina eran iguales a Fernando, me siento tan tonta; pienso, mientras me lavo las manos. El jabón de aquí no huele a frutas, pero quita el olor extraño del líquido amarillo. Me seco las manos y salgo.

“Corriendo al lavatorio”.

Uno sale por una puerta diferente de la que entró. Bajo las escaleras, están muy solas, llegando al primer piso se ve un poco más de gente, ya en el pasillo, acercándome a la salida de la escuela de medicina veo que me voy a cruzar con Fernando, abro mi libro frente mi cara para ignorarlo o más exactamente para, como dice mi hermana “fingir que lo ignoro”. Creo que él hace lo mismo… Sin embargo un sentimiento diferente se asoma en mi cara. Me doy cuenta de que ya no estoy intimidada ni nerviosa por lo estudiantes de medicina, ni por el edificio y sus escaleras ¡Se me escapa una sonrisa más!.

Los profesores, los estudiantes, Fernando, yo; somos iguales aunque tengamos realidades diferentes cada uno y aún así ninguno es superior o inferior a otro; tenemos los mismos sistemas y los mismos órganos. Esos órganos que acabo de tocar con el guante, cualquiera de esos huesos o pulmones, fueron de otra persona en algún momento, alguien como yo. Es más, todos estuvimos dentro de un útero. ¡Que absurdos son los prejuicios!

Me hice una idea falsa y preconcebida de los estudiantes de medicina, solo por mi idea, quizás también falsa, de Fernando, Estuve muy equivocada. Las personas no son sólo una cosa que se toca con un guante, sin contacto y sin unión; tenemos una historia, somos parte de algo mas grande, como los órganos son parte de un sistema y de un cuerpo. La gente tiene una función y un orden en la historia en la que están y yo no soy quien para juzgar eso. Después de la expo y de haber fingido que ignoré a Fernando, me quedé pensando en eso varios días…