Las despedidas

La vida está llena de despedidas, algunas serenas, otras impetuosas y muchas de ellas en contra de nuestra voluntad. Porque el paso del tiempo lleva consigo muchas cosas y a muchas personas, distanciándonos de quien amamos, retirándonos aquello que parecía nuestro, encajando la vida en su debido lugar. Y casi nunca ese acomodo está dentro de lo que queremos.

Algunas amigos no podrán estar siempre cerca y de nuestro lado. Las oportunidades que se les dan podrán llevarlos a lugares algo distantes, nuevos rumbos, caminos por donde no podremos seguirlos. Podrán casarse con alguien a quien no le caemos bien, o conseguir un empleo en otra ciudad, en otro país. La amistad y el cariño continúan, pero su presencia no es una garantía y nunca lo será.

Hermanos, de la misma manera, continuarán a pesar de la distancia, lejos del hogar, cerca de nuevas familias, otros paisajes. Los reencuentros pueden ser constantes, dispersos o incluso raros. Por la vida que cada uno tiene o su propósito. no siempre tendremos a aquel hermano o hermana querida cerca de nosotros. Esa es una de las consecuencias no tan agradables de la vida adulta.

Y, en medio de todo ese relajo, no siempre terminaremos junto al amor que imaginamos sería para nosotros, aquel que cabe perfectamente en nuestra alma. Podemos distanciarnos de quien amamos debido a oportunidades diferentes que llegan a cada uno, en algunas situaciones oportunidades en las que solamente conviene a uno, o también porque nos olvidamos de “regar” ese sentimiento que algún día invadió nuestra esencia. Los amores también se van.

Aparte de eso, infelizmente, podremos ser sorprendidos por la inesperada partida que la muerte nos impone, sin más ni menos, obligándonos a seguir con nuestras vidas sin la presencia de quien ya era parte de nosotros, de quien ya era parte de nuestra historia, nuestra referencia, algo que era tan nuestro. Y puede darnos o no tiempo de despedirnos, el hecho es que nadie está preparado para enfrentar la muerte de algún ser querido, a pesar que la muerte es lo único seguro que tenemos en esta vida.

Y es así como las personas se van de diversas maneras, con o sin aviso, obligándonos a reorganizar toda nuestra carga afectiva, re-acomodando todo dentro de nosotros, para que no nos volvamos locos, para que sigamos, llenos de dolor, quebrados, pero sigamos. Absorber con intensidad los momentos en los que contamos con la presencia de quien amamos es una certeza que nos ayudará, para así soportar el dolor de su ausencia toda vez que la vida nos lo exija.

No todos se quedarán en nuestras vidas, pero los encuentros especiales jamás saldrán de nuestros corazones. Y es así que podemos continuar.

(Texto de Alexandra Rosano)