Una mirada al juego desde el punto de vista de la colonialidad, el género y el patriarcalismo

Introducción

Como lo han señalando diversos autores (por ejemplo Huzinga, Piaget, Vigotsky), el juego es fundamental para el bienestar humano y para el aprendizaje, condición que puede incidir en la manera cómo conocemos.

El juego, principalmente infantil se presenta como grupos de actividades inocentes, donde se genera diversión mientras se aprende o viceversa, no obstante, en su “inocencia” podría estar perpetuando o replican patrones que han venido llevando a una extinción epistémica, así como promoviendo aprendizajes potenciadores del colonialismo, la inequidad de género, entre otros.

En este trabajo me enfoco en analizar el plano lúdico y particularmente el juego en una mirada que permita tener algunos elementos que sustenten la tesis de que esas actividades pueden impactar nuestros procesos epistémicos, en dos áreas principales, la colonialidad y la inequidad de género.

Colonialidad en el juego

Realizando una breve revisión memorística sobre los juegos que se practicaban en mi niñez me encontré con uno de ellos cargado de simbolismos de los que ni padres ni infantes parecen estar conscientes, ni tampoco analizan su proveniencia. Ese juego reza:

Ahi vienen los moros,

¿a qué?
 a matarnos….
 ¿con que?
 con un cuchillo
 ¿de qué?
 de palo
 !Santo, Santo, que nos mate ya!!!

Aquellas expresiones eran repetidas por los niños quienes en dos bandos representaban por un lado a cristianos y por el otro a moros. Ese juego hace referencia a los tiempos de las cruzadas y posiblemente llegó aquí en los continuos viajes de colonización, pero ha llegado a nuestros días de manera muy descontextualizada, donde ni padres ni hijos en muchos casos mantienen en su memoria histórica esos eventos.

El uso de juegos “inocentes” incide en mantener en la memoria y potenciar el proceso de colonialidad generando una carga simbólica de la que no solemos ser consientes.

Ese tipo de juegos llegó a sustituir algunos de los que practicaban nuestros antepasados en “Abya Yala” como un medio más de posicionar una nueva identidad y olvidar su cultura a través de la dominación.

El Subcomandante Marcos citado en Ramírez 2001 tiene la situación de colonialidad en la que vivimos muy clara, cuando señala:

“Para ellos, nuestras historias son mitos, nuestras doctrinas son leyendas, nuestra ciencia es magia, nuestras creencias son supersticiones, nuestro arte es artesanía, nuestros juegos, danzas y vestidos son folclore” El juego y las danzas visto como folclor desde la perspectiva colonial y el arte como artesanía”.

En estas frases se pone de manifiesto algunos aspectos que no hemos tomado en cuenta al analizar nuestras formas de conocimiento, pues tiene más valor lo traído por los europeos que nuestras expresiones autóctonas, siendo nuestro juego no una simple expresión histórica, sino una actividad tan real como la de los colonizadores.

Entendiendo que el juego es uno de los medios para generación de conocimiento, la consideración de nuestros juegos tradicionales como folclor hace que se establezca un racismo epistémico, que como menciona Fanon, citado en Grasfoguel (s.f.)

“ se refiere a una jerarquía de dominación colonial, donde los conocimientos producidos por los sujetos occidentales (imperiales y oprimidos) dentro de la zona del ser es considerada a priori como superior a los conocimientos producidos por los sujetos coloniales no occidentales en la zona del no-ser.

Sobre este mismo tema Tabarez 2010, indica que, así como el proceso colonial rebajó a un nivel más bajo las formas de conocer y pensar autóctonas también lo hizo con las prácticas de ocio.

Tabarez, 2010 indica

“Vale la pena mencionar, la experiencia propia en la búsqueda de información de las prácticas de juego y diversión de clases populares en América, encontrada en los documentos administrativos y judiciales, es decir, en el campo de la prohibición y el castigo.

En esos procesos de búsqueda de información en la zona del no-ser, Fernández de Oviedo citado en Acevedo 1993, señala dos juegos que manteníamos en nuestra región antes de la llegada de los españoles, los cuales representaban tanto una expresión ceremonial para el desarrollo de la agricultura como con los procesos astronómicos. Esos juegos eran el “volador” y el “Patolli” que consistía en un juego de dados.

El “volador” que se practicaba en el noroeste de lo que hoy es Costa Rica, es similar al que se practica en la actualidad en la sierra poblana y Veracruz en México.

Consistía en colocar en la parte superior de un palo alto la figura de un dios, desde donde se posicionaba un rectángulo atado con cuerdas las cueles era retorcidas y en ellas establecían de dos a cuatro aborígenes, los cuales iban girando mientras la cuerda se desdoblaba, hasta llegar al suelo.

El simbolismo impregnado en estos juegos le asignaba un valor diferente a la vida de nuestros pueblos indígenas, mayor al que hoy en día se le da a las actividades lúdicas enfocadas en recreación y aprendizaje.

Otros juegos precolombinos y colombinos que se pueden citar para Costa Rica y la región mesoamericana incluyen la fiesta de los diablitos de Boruca, que es tanto ritual como juego, donde se conmemora la defensa de tradiciones y territorio en la época colonial. Además se puede incluir posiblemente uno de los juegos más conocidos y estudiados como el de pelota mesoamericano cuyas principales representaciones se pueden encontrar en Chichen Itza y otras “ruinas” aborígenes.

Altuve, E. (2009), señala que, debido a la acción colectiva, el juego era valorado como un elemento clave en la organización de los pueblos aborígenes americanos, desde las dimensiones, cultural, económica y social donde se combinaba el “tiempo libre” y las prácticas productivas. De esa manera lograban que sus comunidades lograran tener una conformación saludable que permitiera enfrentar las exigencias que su trabajo requería en cuanto a fuerza, resistencia y destreza, además que se promovía la socialización entre los distintos miembros de la comunidad y el reforzamiento de los valores comunes.

Según Araya (1999:18) citado en Tabarez 2010

“La ociosidad era un indicador de la población que tenía la obligación de trabajar. En un primer momento los indios fueron calificados de naturaleza ociosa. En el siglo XVIII, todos los hombres libres -mestizos en un sentido amplio- también la poseían. El discurso sobre la ociosidad, por tanto, era una teoría antropológica ya que, si se era catalogado de ocioso, por naturaleza se era capaz de cualquier vicio, pecado, desorden o delito. La plebe era moralmente inferior. Esta inferioridad legitimó las medidas de orden y disciplinamiento sobre ella, las que se asumieron como objetivos de un buen gobierno”

No es de extrañar que a la fecha el ocio y su representación en las actividades lúdicas mantengan esa carga negativa que ha incidido en nuestros procesos autóctonos de generación de conocimiento.

Esa misma concepción que dominaba los juegos precolonbinos donde la reacreación es un elemento más que se une a la espiritualidad de las prácticas que se visualizan en los estudios desarrollados por Eisler, 2015 para el caso de la cutura minoica.

Ella indica que, algunos estudiosos describieron la vida minoica como una “expresión perfecta de la idea de homo ludens, del “hombre” expresando nuestros más elevados impulsos a través de rituales y actividades artísticas divertidas y al mismo tiempo significativamente míticas.

Platón citado en Eisler, 2015 indica con respecto a la vida cretense que:

“El divertimento y la religión se entrelazaban haciendo las actividades de ocio cretenses, al mismo tiempo agradables y significativas”.

Una derivación de ese juego es el deporte, que como principal característica contempla la visión de competencia.

El deporte moderno, entre finales del siglo XlX y XX, provocó que esa percepción de las actividades lúdicas se perdiera y se le diera más peso a la percepción de comunidades productivas, con aumento del rendimiento y un con un enfoque de competitividad y eficiencia. De esta manera se perdió tanto esas comunidades aborígenes como mestizas el vínculo del juego con la religión y la espiritualidad. (Alabarces, 2006; Altuve, E., 2009)

Tabarez 2010, el estudio del ocio en general se analiza desde una óptica global, de modo que no refleja necesariamente nuestras realidades regionales y locales.

El análisis del ocio y el juego debe ser más amplio y contextualizado pues como indica Viqueira, citado en Tabarez 2010,

“no son los campesinos franceses o ingleses, sino los indígenas desarraigados y los africanos importados, expuestos a la esclavitud, la mita y la encomienda, bajo la perspectiva de la diferencia colonial, los objetos de un proyecto que de ninguna manera permite una lectura única del fenómeno del ocio.

Una mirada al juego desde la perspectiva de enfoque de género

De acuerdo a Hardisson (s.f.),

“la asunción de la maternidad en la mujer conlleva la transmisión de valores patriarcales, donde se contempla el tema de roles y el trabajo de construcción de las identidades masculina y femeninas.

Esa transmisión, en muchas ocasiones utiliza al juego como medio para la construcción de identidades y consolidación de roles.

Desde los hogares “duplicamos” los patrones que los medios de comunicación nos proponen sobre “modelos” sociales de feminidad, promovidos por juegos de concursos de belleza, juego de la casita (donde el niño representa, al padre o al hijo y la niña asume su rol de madre que prepara la comida para la familia o de novia amorosa a la espera de ser “conquistada”), juegos de muñecas, juego de cocinita, por citar algunos ejemplos.

El juego es una dimensión más donde se debe buscar la equidad de género pues como derecho humano no puede hacer distinciones, no obstante, como sociedad, el lograr que las mujeres realicen las mismas actividades recreativas que actualmente practican los hombres no necesariamente implica equidad y más bien podría perpetuar valores patriarcales.

La búsqueda de la equidad en el juego en algunos casos lleva a que se potencie aún más la masculinidad (recordando como mencionan Boff y Muraro, que tanto hombres como mujeres tenemos una dimensión masculina y otra femenina) en la sociedad como la agresividad, la ambición y el anhelo de superación y dominación. Uno de esos casos es el intento de algunas mujeres por participar en actividades de carácter supuestamente cultural como las corridas de toros, lo que no solo no logra esa “emancipación o reconocimiento” esperado, sino que incide en que esta especie sea víctima de humillación por el restante 50% de la población (no todo el mundo practica o gusta de esto) que hasta hace poco tiempo no practicaba esas actividades.

Los juegos violentos que promueven la agresividad, la dominación, no son mal vistos por la sociedad, ni tampoco lo es el espíritu competitivo de los jugadores, los que representan el masculino, simbólicamente que menciona Eisler 2015. Para ella

“hombres y mujeres son enseñados a relacionar la verdadera masculinidad con la violencia”

De acuerdo a Boff y Muraro, 2014, El niño

“afirma su independencia por la actividad rebelde, procurando transformar la pasividad en actividad, como por ejemplo cuando dice jugando: “ahora yo soy la madre y tú el/la hijo/a”.

Ahora bien, en esa autoafirmación, el uso de los roles puede ser el momento justo para trabajar con el niño sobre la diversidad, la equidad de género y otra serie de actitudes deseables en un entorno que permita que el proceso epistemológico del niño responda a una identidad compleja.

La educación y la Tecnología en el marco de la epistemología y el género

Cespedes 2015, refiriéndose al tipo de educación para todos después del 2015, señala que debemos apostar por procesos educativos basados en la transformación social y como uno de los elementos claves de ese cambio se señala que se debe:

“Entender a los sujetos en sus múltiples dimensiones, racionales, afectivas, lúdicas, trascendentes”

Aquí es importante notar que dentro de la propuesta, la dimensión lúdica se comienza a reconocer como parte de la integralidad del homo ludens. Podría ser a través de esta misma visión que comencemos a trabajar en la dimensión lúdica las fases masculinas y femeninas del ser humano, que de acuerdo a Boff y Murano 2014 cada ser humano posee.

Según Pérez 2013, esa propuesta podría ser un buen mecanismo de “entrada” pues para él

“vivimos en una sociedad del entretenimiento, inmersos en una cultura lúdica”

En esta cultura, se prefiere las experiencias cercanas al juego que a las experiencias formales y serias.

En el proceso de construcción de conocimiento se puede aprovechar las redes sociales y su gran poder motivador, usando los principios del juego como la competencia, para motivar el comportamiento humano (EYQ s.f), no obstante, es importante tener en cuenta que las disrupciones tecnológicas pueden incidir también de manera negativa, uniformadora y globalizadora de esa misma elaboración.

Los juegos modernos, globalizados, que desconocen el contexto local pueden lograr que desaparezcan los juegos tradicionales, de hecho, el desarrollo de Tecnologías de Información y Comunicación han generado que las prácticas lúdicas donde interviene todo el cuerpo en exteriores cada vez sean menos comparadas con las que se practican en interiores y de carácter individual. Esto no sólo cambiaría las prácticas culturales y tradicionales, sino que influiría en la calidad de vida por sustitución de actividades físicas.

Algunas conclusiones y recomendaciones

La mirada que se presenta en este trabajo evidencia que nuestros procesos epistémicos a través del juego están impregnados de colonialismo e inequidad de género, pero se requiere un análisis más profundo para conocer el impacto de estas prácticas en nuestros procesos de aprendizaje.

Retomar los juegos precolombinos nos permitiría conectarnos nuevamente con nuestros saberes negados por tantas y tantas generaciones así como despertar parte de nuestra conciencia dormida e identidad.

La construcción de identidades y consolidación de roles que hoy se utiliza para promover el patriarcalismo podría servir como una oportunidad para comenzar a tomar forma de espacios lúdicos integradores y no basados en categorizaciones que buscan la desintegración.

Volver a las raíces de la vida minoica que indica Eisler, de una sociedad sensibilidad, la superación de la conquista y la agresividad, es un imperativo, pues la carrera de la competitividad, la agresividad, la violencia ya está muy avanzada.

Bibliografía

Acevedo, J. 1993. Del XV Congreso de la Sociedad Internacional de Musicología: Culturas Musicales Del Mediterráneo y sus Ramificaciones. Revista de Musicología Vol. 16, №4.

Alabarces (2006). El Deporte en America Latina. En: Razón y Palabra. Primera Revista Electrónica en América Latina Especializada en Comunicación Nº 69. Disponible: [www.razonypalabra.org.mx]

Altuve, E. (2009). Deporte y Revolución Bolivariana en Venezuela (Segunda parte): Hacia la construcción colectiva de un Sistema Nacional Bolivariano de Juego, Educación Física, Deporte y Recreación, no excluyente, en, con y para la Integración de América Latina y el Caribe. En: Revista Acción Motriz. Nº2. Enero/Junio.

Boff, L y Murano, M. (2004) Femenino y Masculino: una nueva conciencia para el encuentro de las diferencias.

Cespedes, N. (2015) Los educadores populares en los procesos post 2015. Revista de educación y cultura.

Eisler Rianne. (2015) 2ª reimpresión. El cáliz y la espada. La mujer como fuerza en la historia.

EYQ. S.f. Las ventajas de la disrupción Megatendencias para el futuro

Grasfoguel,R. (S.F.) La descolonización del conocimiento: Diálogo crítico entre la visión descolonial de Frantz Fanon y la sociología descolonial de Boaventura de Sousa Santos

Hardisson, A. (S.F.) Claves simbólicas del poder patriarcal y su relación con los malos tratos del género

López, D. 2010. El juego como manifestación cuántica: una aproximación a la epistemología infantil. Revista Latinoamericana POLIS

Pérez, O. 2013. “Apuntes sobre la teoría de la diversión”. En SCOLARI, Carlos. (ed.),Homo Videoludens 2.0. De Pac-Man a la gamification Collecció Transmedia XXI. Laboratori de Mitjans Interactius. Universitat de Barcelona. pp. 241–272. Barcelona (España).

Ramírez, J. 2001. El movimiento neozapatista como alternativa de cambio: la ratificación del proyecto del EZLN luego del ocaso priísta. El Cotidiano, vol. 18, núm. 110, noviembre-diciembre Universidad Autónoma Metropolitana Unidad Azcapotzalco Distrito Federal, México.

Tabarez, J.F. 2010. Juegos populares y tradicionales, ocio y diferencia colonial.Revista de la Universidad Bolivariana, Volumen 9, N° 26, 2010, p. 157–173

http://ejecutivosbcs.webs.com/apps/blog/show/23930478-la-cultura-costarricence,

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