La edad SÍ importa en el Coaching Ejecutivo

La vida no es sino una continua sucesión de oportunidades para sobrevivir

Gabriel García Márquez

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En los años ochenta, el economista y Coach Manfred Kets de Vries publicó -junto a Danny Miller- la Organización Neurótica (1984), notable obra que retrata, a partir de categorías psicoanalíticas, los distintos estilos de liderazgo y los principales desafíos para aquell@s que son liderad@s.

Si bien este libro se centra en cómo la personalidad de l@s líderes moldea el funcionamiento de las dinámicas grupales y de las distintas formas de relacionamiento en el mundo organizacional, nosotros nos detendremos -en esta oportunidad- en el capítulo 5, titulado “Crisis en los ciclos de vida y satisfacción personal en el trabajo”, pues muchas veces pasamos por alto un dato muy importante a la hora de hacer Coaching: la edad de nuestr@s clientes… y de nosotr@s mism@s.

Sí, es una información vital, pues cada etapa de la vida tiene sus propios desafíos y es por ello que Manfred Kets de Vries y Danny Miller adaptan la clásica mirada de desarrollo humano de Erik Erickson a categorías profesionales y sistematizaron nuestra carrera profesional como una sucesión de crisis que debemos sortear para triunfar.

Nos centraremos en la primera etapa, denominada el CHOQUE CON LA REALIDAD y en posteriores entregas abordaremos las siguientes crisis, que son la de socialización y la fase de crecimiento, mitad de la vida profesional, aceptación y fase previa a la jubilación.

Dicho lo anterior, los invito, a los mayores de 30, a reconectarse con sus inicios profesionales. Volver a los 24, a los 25, a los 28… y una vez que estén ahí, una vez evocados sus primeros trabajos, sus primeras cuentas o clientes, sigan con la lectura.

¿Me acompañan?

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CHOQUE CON LA REALIDAD

Si pudieron conectar con su presente o viajar al pasado, lo más probable es que coincidan con Manfred Kets de Vries y con Danny Miller en que la primera fase de la carrera ejecutiva se caracteriza por el desencanto.

Suena triste, pero en general, en algún momento de este PRIMER SET de la vida profesional, las limitaciones y la naturaleza rutinaria del trabajo empiezan a chocar con las expectativas de l@s jóvenes profesionales. En un proceso de Coaching es común que nos encontremos con clientes que, entre los 24 y los 29 años, estén lidiando con dificultades en el manejo de las propias expectativas y la gestión de la realidad organizacional.

En sesión, est@s clientes pueden pasar de sentirse incómod@s por no poder dar más, a impacientarse por no avanzar más rápido y terminar sintiéndose estafad@s por sus jefas o jefes, empresas o por el sistema. Rápidamente quieren llegar al TERCER SET, jugarse la vida por definir los puntos decisivos del partido, sin entender, muchas veces, que por muchas ganas que tengan de saborear el match point, aún tienen que terminar el primer set y pasar al segundo.

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Para l@s más acelerad@s, uno de los aprendizajes más duros de este primer set es que la verdadera satisfacción en el trabajo (crecimiento y mayores responsabilidades) suele implicar un horizonte más lejano. Y para much@s, esto es insoportable, por lo que no es raro que después de unos meses, un año o dos, est@s jóvenes ejecutiv@s estén buscando la satisfacción que no encuentran en su lugar de trabajo, en otra empresa, en un emprendimiento, en un viaje, en un cambio de vida o en nuevos desafíos personales.

Una segunda característica de esta etapa es la dependencia y conflictos con la autoridad. Los “ritos de paso” a la entrada en una organización y la dependencia de un director o directora de rango superior no siempre son fáciles de aceptar por l@s jóvenes ejecutiv@s y es común que la primera piedra de tope sea el jefe o la jefa.

Para algun@s, su trabajo sería perfecto si no tuvieran jefe o jefa, mientras para otr@s es altamente frustrante que sus superiores les presten tan poca atención. Entre ambos extremos hay una amplia gama de matices, pero el denominador común es la relación que se establece con esta nueva figura de autoridad, que no es el padre ni la madre, ni un profesor o profesora, pero que sin embargo, tiene algo de todas las alternativas anteriores.

Depender de un otro o de otra para tomar decisiones, esperar el “visto bueno” del jefe, el okay de la jefa, alinearse o esperar reconocimientos y felicitaciones, empiezan a ser pan de cada día y l@s jóvenes ejecutiv@s empiezan a sentir el desgaste. Volviendo a la cancha de tenis, much@s sienten que corren de un lado a otro de la cancha salvando pelotas, dándolo todo en el juego, simplemente para recibir un palo cuando fallan y a dar por obvio cuando aciertan.

Y estos malestares ocasionados por las dinámicas con los jefes y jefas, suelen causar confusión, estado mental que, de no ser oportunamente gestionado, puede desembocar en una profunda insatisfacción, pues l@s jóvenes ejecutiv@s sufren al sentir que no se utiliza -o reconoce- todo su potencial.

En este escenario, un proceso de Coaching puede ayudar a est@s Coachees a lidiar con la ambigüedad de la vida profesional, pues entre el desencanto y los conflictos con la autoridad la cancha se hace lenta y pesada. La confusión hace que las piernas se sientan de plomo y que los brazos no lleguen tan lejos como solían llegar, por lo que la orientación de un Coach de igual o mayor experiencia profesional, puede ser clave para sobreponerse a la incertidumbre.

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Si a estos desafíos netamente profesionales le agregamos los personales, nos encontraremos con mujeres y hombres que probablemente estén en el diseño o en la construcción de una vida en pareja, que estén dando los primeros pasos de la vida matrimonial y/o que aspiren a formar una nueva familia. Es un tiempo de exploración, en el cual se empieza a desarrollar una estructura de vida y por primera vez se han de tener en cuenta las concesiones necesarias entre la vida pública y la privada o entre la familia y el trabajo.

Así, la vida en pareja puede ser un refugio para el estrés y las frustraciones que aparecen en el mundo laboral y muchas veces el otro o la otra pueden ser fundamentales para escuchar, comprender o sostener el dolor ocasionado por la falta de congruencia entre las expectativas individuales y organizacionales.

Y cuando las cosas en el trabajo empiezan a marchar espesamente para ambos, las jóvenes parejas pueden sobrevivir las crisis compartiendo estar “soberanamente asqueadas” de sus respectivos jefes, jefas y trabajos. Entre copas o viendo una serie, las jóvenes parejas sobrellevan la tormenta laboral arriba de una tabla de salvación. El trabajo, al menos, les da para vivir juntos, pero puede llegar un punto en que lo único que esté verdaderamente uniéndolos… sea el malestar.

Cuando esto pasa, es decir, cuando está todo mal en el trabajo y todo mal en casa, la sensación que más relatan l@s jóvenes profesionales es sentirse asfixiad@s y es probable que a esta altura el foco en el trabajo y en la pareja se pierda. Aquí se pueden presentar comportamientos o ideas regresivas. Se acabó el sufrimiento, se acabó la formalidad, a partir de hoy me pongo seriamente a carretear.

Y puede que la vida nocturna, los amigos, las amigas y la irresponsabilidad traigan un necesario respiro. Se recuperan ritos del pasado, se frecuentan personas que se habían dejado de frecuentar y se retoman actividades largamente postergadas, pues después de un gran esfuerzo, est@s clientes sienten que necesitan recuperar el tiempo perdido, ya que muchas veces declaran que en el trabajo no han aprendido nada, nadie los pesca (¿mi jefe?), que su impacto e influencia es nula en la organización y que sus posibilidades de un rápido ascenso parecen escasas.

Lo anteriormente descrito obedece a la decepción, y esta caída en el mundo laboral, de no ser atendida, puede empezar a contaminar otras áreas de la vida e instalarse un pernicioso círculo vicioso. Lo declaren abiertamente o no, la mayoría de estas personas esperan más de sí mismas, y empiezan a sentir que sus jefes, parejas, padres y familia también están un tanto decepcionadas por su falta de progreso profesional y económico.

Por todo lo anterior, es fundamental que las jefas y los jefes sepan entender, contener y desafiar a sus jóvenes ejecutiv@s, pues aunque muchas veces estas cosas no se observen de buenas a primeras, lo más probable es que si escarbamos un poco nos daremos cuenta que detrás de esa impaciencia o malestar, hay una verdadera procesión.

Y si queremos retener un talento, mi recomendación es contratar los servicios de un Coach con la suficiente experiencia profesional para poder acompañar y mentorear a estas jóvenes promesas, pues tal como sospechan, de ser bien gestionadas, podrían transformarse en extraordinari@s jugador@s.

Continuará…

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Escrito por Sebastián Rodríguez Gómez de la Torre

Coach, psicólogo y trainer PNL, con más de quince años de experiencia como consultor y coach ejecutivo.

Además, de Sebastián también puedes leer “Introducción al Coaching Ejecutivo”

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