Sir Gwaine
(Se recomienda acompañar la lectura con música medieval)
Los aldeanos de Meryth siempre profesaron su adoración por los defensores de su pueblo. Ningún ser era tan digno de respeto como sus caballeros y su rey. Sus líderes eran justos y compasivos con aquellos que merecían su clemencia. Sin embargo, solo un caballero logró ganarse un lugar en los corazones de todos los habitantes de Meryth. Sir Gwaine, El Impávido, brillaba por sus sorprendentes técnicas de combate, sus increíbles hazañas y su valentía inagotable. Defendió a su pueblo con honor y devoción, le prometió lealtad y respeto eterno. Sus días de gloria no tenían fin en aquellos tiempos de espadas y escudos. Batalló contra numerosos ejércitos, temibles bestias e invencibles enemigos. Uno de los relatos populares del adorado caballero contaba que, en una oportunidad, se enfrentó a un dragón sin ayuda del resto de los caballeros de la corte. Se decía que al comienzo de la caída de las hojas, mientras las tropas se preparaban para emprender su viaje a Loirne, un pueblo aledaño aliado que estaba siendo hostigado por un grupo de bárbaros desconocidos, la noticia de un peligro inminente llegó al caballero. La noche anterior a partir, un mensajero le comunicó a Sir Gwaine, que un dragón se dirigía al Lago Aldair, la única fuente próxima de agua disponible en la zona. El mensajero le advirtió que la imponente bestia tenía una agilidad impresionante, unas alas inmensas y de su hocico, podía lanzar llamas que, si se lo proponía, podían destruir bosques enteros. La historia contaba que el caballero, lejos de acobardarse, decidió enfrentarlo una noche de plena luna llena. Sabía que por tierra era imposible derrotarlo ya que la bestia se iba a valer de sus habilidades aéreas durante el encuentro. Dicha situación lo obligó a consultar al hechicero de la corte, quien, después de un arduo trabajo de alquimia y magia, le proporcionó una solución infalible. Una punta de flecha envenenada que tendría efecto mortal solamente si atravesaba el corazón del dragón. Con convicción y coraje, el caballero emprendió el viaje hacia el Bosque del Lago Aldair, mientras que el resto de los caballeros de la corte ya se encontraba en Loirne neutralizando el ataque de los bárbaros. Después de dos días, el caballero llegó a destino. Exhausto por el largo viaje, descansó a orillas del lago hasta el atardecer. Los rugidos de la bestia se escuchaban a pocas millas del lago. Al caer el sol, decidió esperar al dragón atrás del árbol más cercano al lago. En aquel tiempo, la llegada de un dragón se pronosticaba porque se sentía un leve calor acechante en el ambiente. Sir Gwaine, agazapado entre los arbustos que rodeaban el árbol, vio a la bestia aterrizar a orillas del lago y tomar del agua del lago. Nuestro valiente caballero empuñó su ballesta, tomó su escudo y, cautelosamente, dio unos pasos hacia el animal. Dueño de un agudo sentido de la audición, el dragón giró bruscamente su cabeza en dirección al caballero y exhaló una llamarada débil. Los pulmones del animal estaban fríos gracias al agua lo que le impidió hacer uso de su mejor arma de ataque. Gwaine rápidamente notó la vulnerabilidad de su contrincante y asió su ballesta en sentido al corazón del dragón pero la bestia arremetió contra los árboles que rodeaban a Gwaine y los arrancó de raíz para tener una mejor visión de su enemigo. El caballero corrió hacia el bosque para ocultarse de la vista de la bestia y buscar un punto más alto desde el cual apuntar su ballesta con seguridad. Viró hacia donde se encontraba la punta de la cascada del lago evadiendo las fauces del animal, desprovistas de llamas, que iban podando el bosque a medida que avanzaba. Gwaine se percató de que el ambiente estaba cada caldeandose lentamente. Al alcanzar la punta del despeñadero, Sir Gwaine giró sobre sí y apuntó decididamente hacia el corazón de la bestia que lo miraba ferozmente y abría las alas en señal de supremacía. Con su pie derecho al borde del precipicio, Gwaine disparó la flecha letal y dio en el blanco. El animal profirió un alarido agónico y se desplomó en el suelo sin vida. El último rugido del dragón fue escuchado en varios pueblos aledaños que se encontraban millas a la redonda.
El victorioso caballero fue multitudinariamente ovacionado por el pueblo de Meryth y su rey decidió realizar festejos interminables en su honor. Los principios, la lealtad y el valor de Sir Gwaine nunca fueron olvidados por su gente y su leyenda está destinada a vivir en la memoria de su querido pueblo por siempre.