0.2 Permuto reloj de Cortázar por poder

Es una adaptación curiosa de unos cuentos de julio Cortazár por las libertades de derecho de autor, los originales son: Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj y Instrucciones para dar cuerda al reloj.

Es una adaptación satírica de lo que representa el poder.
Podría cambiar muchas más palabras que solo reloj por poder haciendo un cuento mucho más puntual y acotado a un tipo de poder, pero prefiero dejarlo ambiguo,lo dejo a libre interpretación del lector en favor de la interpretación artística.

Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al poder

Piensa en esto: cuando te regalan un poder te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el poder, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo poder; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu poder con los demás poderosos. No te regalan un poder, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del poder.

Instrucciones para dar cuerda al poder

Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el poder con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.

¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del poder, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.