Cargas de viento

Hace un par de días alguien, casi al borde del suicidio, me escribió pidiéndome ayuda con un ejercicio de análisis estructural. Solo con verlo me recordó aquellos tiempo de desvelo, y discusiones filosóficas interminables en los pasillos de la universidad. En realidad era mi casa, tuve la dicha de vivir todo lo que duró la universidad dentro de la misma. Pero el problema que me enviaron esta un poco más práctico que los que hacíamos en aquella época. En este caso se trata de aplicar el código nacional, con los coeficientes correspondientes y listo. Segun me comento el estudiante, es para interpretar logica, mas que para aprender el, muchas veces, incomprensible cálculo teórico.

Aunque el problema no está nada complicado, en realidad es sencillo, pero casi me quedo ciego, a juzgar por la fotografía que me enviaron.

La desesperación del amigo, es porque ni siquiera conoce el código, y en un par de días tiene que hacer una presentación. Para aclarar, y no dejar mal paradas a las escuelas de ingeniería del paisito, quien me pidió ayuda no es estudiante de ingeniería, sino de un curso de técnico en diseño estructural. Es cierto que la diferencia con respecto a las mejores escuelas de ingeniería del país, es más de forma que de contenido, no deja de ser básico y requiere más de seguir un formato, que de interpretar un resultado o seguir un análisis estructural exhaustivo.

También tengo que admitir, que es recientemente que he estado involucrado nuevamente con algunos cálculos estructurales (cortante, momento, compresión, tensión), y me ha tocado ir a desempolvar las herramientas. Lo bueno es, que cuando estás aplicando dichas cosas a asuntos prácticos, cosas que podes ver, y tocar, se vuelve interesante.

Al final, después de revisar el código de diseño, y ver las expresiones y coeficientes dados, quedan mas preguntas que respuestas. He evolucionado, ya no es solamente aquello de aceptar a ciegas el coeficiente 1.0, porque la altura es menor a 10m; o los 70 m/s2, porque el periodo de diseño es 200 años. He quedado con la espinita, y más aún con la desconfianza de que esos valores son sospechosos. Al final, no son los números lo que importa, sino cómo se interpretan, y sobre todo cómo se usan.

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