El principio . . .mi camino a Japón

Bien recuerdo aquella mañana del 28 de Septiembre de 2010. Era el inicio de una historia, de una nueva etapa en mi vida. Exactamente a las 11 AM, estaba en el Aeropuerto Internacional de Managua, con esa mezcla de emociones que solamente los viajes son capaces de otorgar. Estaba nervioso, pero a su vez, con la alegría al límite. Un nudo en mi garganta, no de dolor, si no de ese sentimiento que asoma, cuando algo desconocido está a las puertas. Era mi primer viaje a Japón!!

Desde muy temprano, salí de la casita de Villa Fontana, donde alquilaba un cuartucho. El taxi que había contactado la noche anterior, no llegó, y tuve que arriesgarme a conseguir uno en la calle. No había ido a despedirme de mi familia, y tuve que dar el discurso de adiós vía celular. La razó?, ese día entraba a Nicaragua, la tormenta tropical Mateo, y si iba a mi república independiente, Santa Lucia, me arriesgaba a no poder regresar a Managua. Así que, algunos de los familiares mas cercanos vendrían al aeropuerto, y en caso de que no pudieran, ni modo. Adiós, vía cell, otra vez.

Al final, la tormenta se degradó, antes de entrar a Nicaragua, y no hubo ningún problema. Mi familia llegó al aeropuerto como estaba planeado, y todo salió bien. Debido al inconveniente del taxi de emergencia, ellos llegaron primero al aeropuerto, donde compartimos alrededor de una hora. Fue una hora bastante intensa, entre dar indicaciones, responder preguntas, y uno que otro abrazo espontáneo.

Parte de mi familia, en la sala de espera del Aeropuerto Internacional de Managua

No siempre en los mejores momentos de nuestra existencia, o en su defecto, en el inicio de los mismos, están junto a nosotros, los seres más importantes de nuestra vida. En mi caso, tuve la dicha de tenerlas: Mi madre: pureza y sencillez. Mi padre, fuerza y humildad. Definitivo, los mejores padres del mundo. Mis sobrinos, con su inocencia de niños; mis hermanos, locura de juventud y madurez de adulto. Mi abuela, ternura, fortaleza y sabiduría. Todos ellos, mas otros, mas un par de amigos, acompañándome en el inicio a algo incierto. Mi nerviosismo era grande, pero mis expectativas también.

La despedida fue bastante fuerte, era la primera vez que miraba a mi madre, abuela, hermana y prima llorando juntas, por mí. Mi padre con voz nerviosa, pero fuerte, me dijo “Pórtate Bien”. El nerviosismo era tanto, que olvidé la chaqueta (para protegerme del frío) que me regaló la mamá de una “amiga”, tuve que regresar por ella. La carrera entre la puerta del ‘no retorno’ y la sala de espera, me permitió evaporar un poco la adrenalina y liberar la presión que tenía acumulada. Me preparó para cruzar la puerta, e iniciar el viaje.

Mi padre, hermana, abuela, mi madre, hermano menor y mi prima querida.

Y así comenzó una de las etapas mas lindas que he vivido, en mi quasi tercio de siglo de existencia. Mi año en Tsukuba, Japón.

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