Entrevista de evaluación y un “Otsukare sama deshita” que me hizo sentir viejo
La semana pasada (viernes 07/06/2016) fue la entrevista de evaluación de los “shinnyushain” ( nuevos empleados) en la compañía donde trabajo. A pesar de la importancia de la entrevista, no me preocupé por el posible contenido de la misma, hasta algunas horas antes, cuando el “senpai” (jefe, instructor, superior inmediato, maestro…) me puso en alerta máxima, al darme un cerro de documentos para que los estudiara para la entrevista. Pregunté si podía llevarlos, me dijo que no, porque había información importante del sitio de trabajo, así que era mejor que se quedaran, revisé alrededor de una hora, lo poco que entendí, lo olvidé después de cena, así que me fuí en blanco.
En la sucursal de la compañía donde trabajo, este año ingresamos tres nuevos empleados, dos japoneses (un chico y una chica), y un “gaijin” (extranjero, en términos despectivo). El dia viernes por la mañana, cuando llegué a la oficina, después de estar en campo durante tres semanas, me sentí la estrella de rock. Siempre las especies raras llaman la atención. Escuchando por todos lados “satchiburi!!, genba dou desu ka” (qué gusto de verte, que tal el trabajo de campo?). Y bien, a aprovechar el momento de fama, sabiendo que antes de mediodía, ya iba a estar diluido. Mientras tanto, los otros dos nuevos, bastante nerviosos por la entrevista, leyendo, revisando papeles, viendo la computadora…Y ahi si me puse nervioso, maldición!, yo ando mas perdido que perro en procesión. No importa, hasta ahora he sobrevivido.
Fui el último, de los tres, confiando en la condición de gaijin entré a la salita de reuniones. La entrevista la hizo alguien de recursos humanos, lo conocí en el entrenamiento general en Tokyo. La entrevista estuvo más fácil de lo que pensé, y en un japonés sumamente sencillo (que era lo que más me preocupaba), tan sencillo que hasta pude contestar con la docena de palabras que me sé. Preguntas tales como, Estas en campo?, Donde?, Hay algún problema ahí?, Qué haces específicamente?, Quieres viajar al extranjero a trabajar? (estoy en el departamento de proyectos internacionales, por ahora en entrenamiento), Que te parece la compañía?, Algo que quieras recomendar?, Que has aprendido? (esta era la única pregunta que pensé un poco antes de dormir la noche anterior), Del entrenamiento inicial, que es lo que más te ha servido?…
Terminada la entrevista, y las otras actividades del día, los tres nuevos decidimos irnos de parranda (JA JA JA). Antes, me gustaría aclarar, que ir a parrandear en Japón, es ir con amigos a sentarse, tomar, comer y platicar. Así que fuimos a hacer eso, Qué tomamos, Qué comimos, Qué hablamos…eso es secundario. Lugar, un Izakaya, en Susukino. Izakaya es el lugar donde se hacen las cosas anteriores (se toma, se come, se habla); Susukino, la zona roja de la ciudad, la zona caliente, la zona rosa, donde esta lo bueno. Fuimos a un izakaya estilo antiguo, con decoraciones y música de época de la segunda guerra mundial, quizás desde un poco antes. En el calendario japonés, corresponde al período Showa. Ordenamos dos horas de “nomihodai” (en dos horas, bebe lo que puedas)
El asunto es que, al terminar, como tres buenos japoneses, nos dirigimos a la estación de tren. Por supuesto, que este ban que escribe, no iba a regresar tan temprano (9:00 PM), así que, me despedí de ellos en la entrada de la estación. Los japoneses cuando se despiden, se ponen en círculo, sin son más de dos, alguien habla, algo asi como “gracias por venir, la pasamos bien, nos vemos en otra oportunidad, — y todos dicen en coro — otsukare sama deshita!!”. La expresión, otsukare sama deshita, es como “buen trabajo, lo hiciste muy bien”, y generalmente se usa al terminar el día laboral, o de estudio en la universidad. Pero la escena de varios tipos formando un círculo, en la entrada de la estación de tren, inclinándose hacia adelante, y diciendo con voz fuerte “otsukare sama deshita!!”, es más asociado a señores, que al terminar su semana de trabajo el viernes, se van a relajar un poco. A la entrada de las estaciones de tren, es una escena muy común, pero repito, entre señores, los jóvenes es un “bye bye, matanee” (adios!, nos vemos). Nosotros, tres pinches gatos, con cara sonrojada (quien sabe por que), de saco, corbata y maletín en mano: un japonés, una japonesa y un extranjero, inclinándose como señal de reverencia, diciendo un fuerte otsukare sama deshita!!!….realmente me sentí viejo!