Ser sionista

Tomado de EL ANGEL DE JEHOVA

Para muchos es un escándalo, para otros una vergüenza, para mi un orgullo. Ser sionista, es el eslabón perdido de mi ADN, y cada día que pasa me doy cuenta que estoy mas cerca de completar mi ciclo de vida, de completar mi cadena de existencia.

El sionismo como movimiento político, puede delimitarse a la tierra de Israel, al gran Eretz Israel, sin embargo, como filosofía de vida y espiritualidad, es mas que eso.

El sionismo se ha definido de muchas maneras, enfocado de diferentes formas, se ha satanizado, se ha clasificado como racista, como lo peor de la humanidad, pero también como la mas grande esperanza de todo un pueblo. Nació con la fundación del mundo, creció con el pueblo de Israel, -desde los patriarcas hasta Zorobabel, pasando por Moisés, el gran Rey David y los profetas de la antigüedad- se mantuvo en el exilio, en medio de tribulaciones y persecuciones. Cuando todo parecía hundirse en el abismo de la ignorancia e ignominia, nació el Estado de Israel, que no es mas que la máxima expresión del anhelo de siglos, de milenios, es el mismo anhelo del Creador del Universo.

En todo este tiempo, como partícula que viaja en el tiempo, el sionismo, la razón visible de la máxima expresión de espiritualidad del ser humano: El Judaísmo, se mantuvo viva; impregnada en la sangre de muchos, que hoy nos damos cuenta, al paso de las generaciones, que es tiempo de regresar a las sendas antiguas, a nuestras raíces. Que la sangre que corre por nuestras venas esta ‘contaminada’ con la mas pura de las sangres, la sangre de los patriarcas, la sangre no tangible, la del espíritu.

Pero ser Sionista, es reconocer el derecho del pueblo de Israel de regresar a su tierra, a la Tierra Prometida, la tierra donde brota leche y miel, leche para enriquecer al mundo, miel para bendecirlo; es reconocer que Jerusalén es la ciudad santa por excelencia, la capital indivisible del Estado de Israel, usurpada por los inicuos, destruida 70 veces, y reconstruida 70 veces siete. Ha llegado el día, de levantarse entre las naciones, y las adversidades son mas grandes que nunca, pero es el momento de volver a ser la Gran Sión.

Hoy mas que nunca, en medio de la problemática del mundo, es a Israel y al pueblo judío que se le achacan los males de la Tierra (como siempre se ha hecho). La ignorancia es la principal arma de los enemigos del mundo, de aquellos que quieren regresarnos a la era de las cavernas. Es Israel, el que siendo un país pequeño, y muy pequeño, ha hecho florecer el desierto, ha iluminado al mundo con mas de una docena de premios nobel. Y cada día que pasa, sigue contribuyendo al bienestar de los pueblos en el avance hacia el futuro.

Ser Sionista es un orgullo, ser sionista está en mi sangre, llevo el sello de la Estrella de David en mi alma, la llevo colgada a mi pecho como muestra de mi amor por la Tierra de Israel, mi apoyo incondicional al pueblo Judío, y mi sentimiento de conección con Jerusalén, la ciudad Sagrada. El próximo año, a Jerusalén

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