Una hija super caliente

Ana y yo nos mantuvimos en el lago por insistencia de la rubia quien decía que debía ver algo maravilloso; “un regalo de Dios” fueron sus palabras exactas. Poco tiempo necesité para saber que, a pesar de ser una fastidiosa, Ana es una buena persona; lastimada y con mucho miedo pero podía ver un poco de su noble corazón. El hecho de que ella confiara en mí y la terrible revelación silenciosa de Norma fueron detonantes para querer cuidarla. Y una parte de mí se sentía muy extraña con esta situación.

-Está por suceder.- Dijo entusiasmada.

-¿Qué cosa?-

-Ya verás.- Me veía con una enorme sonrisa. Y unos segundos después el sol llegó a un punto donde sus rayos atravesaban los árboles y estos proyectaban sus hermosos colores sobre la cristalina agua. Era simplemente espectacular. Casi podía ver los rayos chocar contra el fondo del lago. Por unos instantes el agua se convirtió en un enorme espejo que reflejaba la magnificencia de nuestra gran radiante estrella. –Te dije que debías ver esto.-

-Es impresionante, Ana.-

-Lo sé. Dios se manifiesta de muchas formas.- Se recostó sobre mi mochila y cerró los ojos. –Me encantaría vivir aquí por siempre.-

-¿Qué te detiene?-

-Todo y nada.- Me recosté a lado de ella.

-Explícate.-

-Tengo muchos motivos para quedarme lejos de todo, aquí. Y por otro lado quiero salir al mundo de nuevo, quiero estudiar. Pero aún falta mucho para eso.-

-¿Qué quieres estudiar?-

-Me gustaría ser enfermera o psicóloga… quiero ayudar a la gente.- Le sonreí.

-Eso era bastante predecible. Aunque creí que te irías más por ser doctora.-

-La mayoría de los doctores son muy tajantes y van directo a su trabajo; yo tendría la oportunidad de estar más con los pacientes, escucharlos si lo necesitan y esas cosas.-

-Eso es muy… tonto.- Comencé a reír. Tomó una pequeña vara y me la lanzó directo a la cabeza. –Te vas a arrepentir de eso, rubia tonta.- Decía mientras me sobaba la cabeza.

-Temo por mi vida, chica que no sabe cocinar.-

-¿Cómo sabes eso?-

-Vi las marcas de aceite en tus brazos.-

-¿Tanto te intereso que detallas cada parte de mí?- La cara de la rubia se convirtió en un tomate y yo reía a carcajadas. –Rubia acosadora.-

-Lo vi en una de las clases, no eran muy discretas, Lara.-

-Lo que digas, rara.- Seguía riendo mientras la cara de Ana intentaba regresar a su color natural. –Deberíamos irnos.-

-Sí, se hace tarde.- Metí las cosas en mi mochila y nos encaminamos a la iglesia. –No necesitas llevarme; conozco el camino.-

-Pero también sé que eres una tonta y te puedes perder.-

-¿En serio…-

-Silencio, majestad.- Llegamos a la iglesia en un agradable silencio; simplemente disfrutando de la caminata y sí, disfrutando de la compañía. –Listo, rubia.- Asintió y me sonrió.

-Ya te pregunté esto pero, ¿por qué eres amable?-

-¿No debería?- Se encogió de hombros. –Ana, ¿tienes amigos?- Negó. –Bien, yo tampoco.- Su sonrisa se hizo más amplia.

-Gracias, Lara.-

-No le digas a nadie que me agradas.-

-¿Y que sepan que paso tiempo contigo? Dios, no. Tengo una reputación que cuidar.- Levanté mi meñique hacia ella y de inmediato entrelazó el suyo con el mío. –Buenas noches, fastidiosa.-

-Buenas noches, majestad.- Después de todo quizá las cosas funcionen; tal como lo dijo Norma.

La semana pasó demasiado lenta, aunque afortunadamente era la última antes de las vacaciones de Semana Santa y no podía estar más feliz. Regresé a mi trabajo a la iglesia, los entrenamientos con Mónica iban más que bien, al menos las del equipo ya me aceptaban o lo intentaban. La escuela todavía me daba algo de lata pero nada del otro mundo. Las salidas con el clan eran frecuentes y encontré un forma de proteger a Ana; haciéndome su bully. Era la única forma, incluso Liv le bajó a su intensidad al ver la forma en como la trataba; sin embargo esto me trajo como consecuencia echarme de enemiga Ofelia quién según sus palabras “me tenía en otro concepto”, poco sabía que todo era por la rubia.

Por fin el anhelado viernes llegó; para muchos sería el tiempo perfecto para descansar, para mí sería el tiempo de trabajar y ponerme al corriente con la mayoría de mis materias. Salíamos de clase para ir al receso, todos se veían inusualmente felices supongo que son las vacaciones. Supongo que Ana no comió en casa porque fue la primera en salir y efectivamente estaba casi al frente en la fila para las deliciosas tortas. Liv y Ángel se secreteaban algo y veían atentamente a la rubia; esto no era bueno. Discretamente me mantuve cerca de Ángel quien cada vez más se acercaba a su objetivo. Desafortunadamente Ofelia encontró este como el momento perfecto para reclamarme un comentario hacia la rubia en Ética esta mañana.

-Déjala en paz, Lara.-

-Lo que digas.- Veía a Ana pero no veía a Ángel.

-Lara, es en serio. Ella no te ha hecho nada…- Entonces vi al chico y sus intenciones era claras, abrazar a Ana, ¿por qué demonios haría eso? Estaba a unos metros de mí pero Ofelia me bloqueaba. -¿Me estás escuchando?-

-No. Ofelia, no te metas en lo que no sabes…- Y pasó, el chico pasó su mano sobre los hombros de Ana y la atrajo hacia ella, claramente vi como la rubia se tensó y dejó caer lo que traía en las manos. -¡Mierda!-

-¡Oye!- Empujé a Ofelia y corrí a donde estaba la aterrada rubia.

-¿Qué mierda te pasa?- Ángel se asustó al escuchar mi voz que salió más enojada de lo que deseaba. –Te va a pasar las pulgas, suéltala.- Todos comenzaron a reír. Ni siquiera me atreví a ver a la rubia… no podría. Ahora ya era consciente de lo mal que la ponía el contacto con otra persona. Era mucho. Abracé a Ángel y lo alejé de ella. –Vamos a desinfectarte, amigo.- Al llegar con Liv ésta me recibió con aplausos.

-Lo dije, eres más que perfecta para el clan.- Le sonreí tanto como pude mientras veía a la rubia huir del lugar; sabía perfectamente a donde iba.

-Dejé mi puta mochila en Ética.- Necesitaba una excusa para librarme de ellos y ciertamente había dejado mi mochila en el salón.

-Tantas tutorías con la rubia te tienen toda estúpida igual que ella.-

-No es para tanto.- De nuevo las risas. Salí rumbo al salón de Ética, tomé mi mochila y corrí al escondite de la rubia. –Ana.- Supongo que al escuchar pasos contuvo la respiración pero al escuchar mi voz lo dejó salir todo. Lloraba desconsolada y eso me partía en mil pedazos. Me arrodillé frente a ella como la primera vez que la vi llorar y me quedé ahí sin hacer nada. –Lo lamento. Quería impedirlo pero Ofelia se puso en mi camino.- Negó con la cabeza y siguió llorando. Me desesperaba verla así y no poder hacer nada. Con mucho cuidado tomé su mano, al principio se asustó pero no hizo por zafarse; lentamente la coloqué sobre mi pecho. –Siente y trata de respirar a este ritmo.- Hice mis respiraciones más marcadas para que ella las siguiera.

-No puedo.- No quitó su mano. La solté y jugué con su cabello.

-Eres la rubia tonta, todo lo puedes. Vamos, Ana.- Luchó y luchó contra sus sollozos pero lo logró. -Por supuesto que puedes.- Levantó su vista hacia mí y casi me echó a llorar al ver el terror en sus ojos. –Te prometo que no dejaré que lo vuelva a hacer.-

-Gracias.-

-Esta es una pregunta estúpida pero, ¿estás bien?-

-Ahora lo estoy.- Le sonreí. –Gracias, Lara.-

-No tienes que agradecer. Recuerda que sigues siendo detestable.- Soltó una carcajada.

-Cierto, lo olvidaba. Esto es servicio social.- No quitaba su mano de mi pecho y yo no dejaba de jugar con su cabello. Nunca fui una persona afectiva pero tenía unas enormes ganas de abrazarla y decirle que todo estaría bien aun así sabía que era un límite que no podía cruzar y hacerlo quebraría la poca confianza que tenía con la rubia. Eso no impidió que un impulso me ganara; me incliné y dejé un suave beso en su dorada cabellera. Regresé a mi posición original y su mirada se había suavizado bastante.

-Defiéndete, por favor.- Fijé mi vista en el piso.- Me duele más a mí decirte esas cosas…- Quitó su mano y yo dejé de jugar con su cabello.

-Sé que no las dices en serio.-

-¿Segura?- Me dio un golpe en el hombro. –Tranquila, majestad.- Ambas sonreíamos. –En serio, Ana. Debes detener esto.-

-Nada la va a detener. Desearía saber que le hice para que me trate así.-

-Yo creo que te tiene envidia.- Dije seria.

-¿A mí? No me hagas reír, ella es preciosa, tiene a todos a sus pies y hace lo que se le pega su gana, ¿qué puede envidiarme a mí?-

-Tu inteligencia, tu bondad, tu nobleza, lo fastidiosa que eres… Ana, tú también eres preciosa.- Agachó la cabeza pero pude ver como sus mejillas se teñían de rojo. –No me digas que no sabes eso.- Negó con la cabeza y yo comencé a reír.

-No me mientas.- Dijo triste.

-No me rio porque te esté mintiendo, me rio porque… porque es tonto que no lo veas. Realmente eres bonita.-

-Basta, Lara.- Se veía muy adorable sonrojada. ¿Adorable?- Aunque soy fea a lado tuyo.-

-Por supuesto, todas son feas a mi lado.- Ana simplemente me quedó viendo creyendo que lo había dicho en serio, no me quedó de otra más que reír. –Eres demasiado ingenua o ¿me crees tan superficial?-

-Tengo derecho a guardar silencio.-

-Tonta.-

-Fastidiosa.- Justo en ese momento tocó la chicharra para entrar de nuevo a las últimas clases en las próximas dos semanas. –Ve a clases, Lara.-

-¿Y tú?-

-Me voy a casa.-

-¿Por qué?-

-Porque no quiero que me vean así.-

-¿Y prefieres darles el gusto de irte? De ninguna manera, vamos a clases. Muéstrales que eres mejor que ellos… Mejor dicho sigue mostrándoles que eres mejor que ellos, Ana.- Meditó un momento y asintió.

-Esa es la actitud, tonta.-

-Será mejor que te adelantes.-

-No, entraremos juntas. Tiene lógica que yo vaya tras de ti molestándote y tú adelante llorando como Magdalena.-

-Está bien.-

-¿Ana?-

-¿Sí?-

-No digo nada de eso en serio.-

-Lo sé, Lara. Lo haces para…-

-Servicio Social.-

-Correcto. Vamos.- Llegamos a la clase de Orientación Educativa; afortunadamente la profe Omara no había llegado, me senté casi detrás de ella.

-¿Qué haces con la pulgosa?- Preguntó Liv nada discreta.

-Le enseñaba quién manda aquí.- Cuando volteé a donde estaba Liv pude ver muchas miradas de repudio hacia mí de varios de mis compañeros… Incluso yo misma me repudiaba por hablar así de ella pero era lo mejor. Cada que podía me disculpaba con ella por las cosas que decía pero ella insistía en agradecerme por hacerlo. Entendía que era mejor que lo hiciera yo a que lo hiciera Liv o alguien del clan.

-Espero que la imbécil entienda.- Lo de Liv era odio puro. He conocido a gente horrible en mi vida pero ninguna me hizo sentir algo tan negativo. Había algo escondido y lo encontraría. Segundos después la joven profesora entró a clases y lo primero que notó fue la cara roja de Ana.

-¿Todo bien, señorita Cardozo?-

-Si yo vistiera eso también lloraría.- Liv al ataque.

-Señorita Torres, me gustaría que le llevara esto a la directora.- Dijo mientras escribía la nota de reporte.

-Con gusto, Omara.- Ella era de las pocas que no tenía problema en que la llamáramos por su nombre de pila, aparte de ser bastante joven era muy relajada y tenía una buena relación con la mayoría de los alumnos. Liv salió con una sonrisa victoriosa del salón, mientras el clan aplaudía.

-¿Algún otro comentario mordaz?- Nadie dijo nada. –Bien, haremos un pequeño ejercicio. Vamos a ser testigos de lo que la gente ve de nosotros o mejor dicho de lo que queremos mostrar. Por favor, no se tomen esto como algo personal; es lo que están proyectando. Hagan un círculo.- Las facilidades de este salón era que se conformaba de sillas y no de pupitres como el resto de la escuela por lo que teníamos mucho espacio. Una vez conformado el círculo Omara se puso frente a mí. –Comenzaré contigo.-

-De acuerdo.-

-Viendo a los ojos le vas a decir a esa persona “sí confío” o “no confío” dependiendo de lo que esta persona te proyecte. Es muy importante ver a los ojos y no hacer ningún tipo de contacto físico. Sean honestos, esto nos ayudará a trabajar con nuestra imagen.- Gracias a Dios que Liv se fue porque no me imagino que hubiera pasado al tener a Ana frente a ella. Omara me vio directo a los ojos. –Sí confío.- Dijo casi de inmediato. Y fue pasando con todos mis compañeros. Le indicó a uno de ellos hacer lo mismo pero en dirección contraria a donde iba ella. En cuanto ella terminó puso algo de música, lo suficientemente fuerte para que el resto no escuchara lo que decíamos.

Poco a poco fueron pasando todos mis compañeros y recibí demasiados “no confío” y mucho tiene que ver mi comportamiento para con Ana y el hecho de que sean parte del clan. Recibí “sí confío” de Paola, de Liz y de Ángel pero era de esperarse. Cuando fue el turno de Ofelia optó por una nueva opción: “sí confiaba” y la mirada de desprecio fue un extra. Se notaba a leguas que apreciaba a Lara y eso me alegraba, el saber que más gente cuidaba de ella. Cuando la rubia pasó se cercioró de que nadie nos viera, entrelazó nuestros meñiques y dijo con firmeza “confío con el corazón”. No negaré que mi corazón comenzó a latir rápidamente al escucharla decir esto. Cuando fue mi turno la rubia buscaba esconder su enorme sonrisa.

-No confío en ti- Su sonrisa desapareció. –Confío en la rubia que me saca de quicio y que cree que no es bonita.-

-Ella también confía en ti.-

-Y yo en ella.- Al ver que estábamos tardando tanto Omara se acercó.

-¿Todo bien?-

-Súper.- Dije y me moví. Cuando la actividad terminó todos regresamos a nuestros asientos, algunos más serios que otros.

-Chicos, esto no define quienes son. Esto es una imagen y a veces esa imagen la tienen para defenderse del mundo. Eso no quiere decir que sean malas personas o que no sean de fiar pero deben comprender que la imagen que proyectan es la que abre muchas puertas. ¿Quiénes recibieron más “no confío”?- El clan levantó la mano, incluida yo. Algunas discretas risas se escucharon. –Aparte del mío, ¿recibieron algún otro “sí confío”?- Paola y yo levantamos la mano. –Lara, ¿quieres compartir como te sentiste?-

-Sólo quiero decir que ese “sí confío” es lo único que me interesa. Los demás, con todo respeto, se pueden joder.- El clan comenzó a reír y sorpresivamente también Ana.

-A eso me refiero con lo que proyectamos, Lara. ¿Por qué tu negativa?-

-No es una negativa, Omara. Sé que soy un dolor de culo y honestamente sólo me importa lo que piense la gente importante para mí.-

-Interesante opinión, Lara. ¿Alguien más quiere compartir?- No escuché el resto de la retroalimentación porque me quedé pensando en mi propia respuesta. “Gente importante”, ¿la rubia era importante para mí? Digo, quiero protegerla pero, ¿eso significa que es importante para mí? La respuesta aparecía en mi mente con letra Arial doscientos y en negritas: ¡SÍ! –Lara, necesito hablar contigo.- Cuando regresé a la realidad la mayoría de mis compañeros salían de la clase. Asentí. Esperó a que todos salieran y se sentó a mi lado. –¿Confías en mí?- Asentí. -¿Entonces serás honesta conmigo?-

-Lo intentaré.-

-¿Qué pasa con Ana?-

-¿Qué pasa de qué?-

-Vi el episodio en la cafetería pero también vi como ella te tocó.-

-¿Sabes de su aversión?-

-Claro, todos los profesores lo sabemos. Lo interesante es cómo lo sabes tú. Hasta donde sé sólo Ofelia sabe de esto. De nuevo, ¿qué pasa?-

-Honestamente, ni yo sé. No sé en qué momento ella se sintió en confianza para decírmelo y no sé en qué momento me dije a mí misma que la protegería de Liv- Tomé un largo respiro. -¿Has escuchado lo que Liv le dice?-

-Olivia puede ser muy cruel.-

-¿Por qué no le hacen algo?-

-¿Expulsarla? Estoy segura que le haríamos un favor.-

-Y Ana no se defiende.-

-No está en su naturaleza. Ella cree en que Olivia debe dejar salir su ira.-

-¿Usándola como bolsa de golpeo? No sé si aplaudirle o darle una bofetada.-

-Eres todo un caso, Lara.-

-¿Gracias?- Sonrió.

-La chica mala que no es tan mala.- La quedé viendo extrañada… esperando más. -Me has contestado más de lo que pedí.-

-¿A qué te refieres?-

-Lo haces para protegerla… Eso es muy noble, Lara.- Ni siquiera era una pregunta, lo afirmaba.

-Puede ser…-

-¿Te avergüenza?-

-No, es sólo que… Nadie puede saber de esto, por favor. Es la única manera…- Puso su mano a la altura de mi boca.

-No te aflijas; esto queda entre nosotras.- Me sonrió. –Ve a tu siguiente clase.- Más que feliz fui a mi clase siguiente, Educación Física. Este mes y el próximo sería de voleibol por lo que debía aprovechar al máximo. Cuando llegué a la clase los equipos ya estaban formados y los primeros dos ya estaban jugando.

-Lara, qué gusto verte.-

-Lo siento, profe. Me quedé un momento con Omara.-

-Estarás en el equipo dos con Ana, Ofelia, Pao, Adán y Elías. Por favor, no mates nadie hoy.- Le sonreí.

-No se preocupe, no mataré a nadie.- Ganó el equipo de Ángel, quién de rodillas me pidió que no lo golpeara de nuevo. Sacaba por abajo y evité pegar fuerte. Sin embargo Ángel buscaba golpear a la rubia de cualquier manera.

-Lara, deja que la golpeé.- Gritó Liv desde la banca.

-Quiero jugar y estoy segura que esta tonta ni siquiera sabe agarrar el balón.- El clan rio. Ganamos y ahora fue el turno del equipo de Liv para entrar de nuevo. La chica de ojos azules no jugaba mal pero no era algo del otro mundo, como podía intentaba mandar sus saques a Ana pero apenas y alcanzaban a pasar la red. Mónica estaba entretenida hablando con algunos de mis compañeros momento que Liv para decirle unas cosas a la rubia.

-Hey, monja, ¿Jesús no te enseña a ser menos inútil con un balón?- No sabían cuánto tiempo duraría mi paciencia. –Idiota, mírame cuando te hablo.-

-Olivia, déjala en paz.- Saltó a su defensa Ofelia.

-Cállate, muerta de hambre. Esto no es contigo pero sí así lo quieres no tengo problemas en joderte.-

-Pueden platicar en otro momento, quiero jugar.- Dije para intentar calmar la tensa situación. Paola fue al saque, yo estaba cerca de la red del lado izquierdo y Ana detrás de mí. –Por favor, necesito una buena bola.- Me dije más a mí misma. El saque de Pao pasó bien y el equipo de Liv la pasó de una, de nuevo la bola llegó al lugar de la chica menuda de lentes, quién limpiamente me la pasó. La bola iba un poco alta por lo que aproveché y la tomé en el aire. No le pegué tan fuerte pero sí lo suficiente para que le doliera a mi objetivo: Liv. Apenas y alcanzó a meter las manos para cubrirse el rostro pero la bola le dio de lleno en la cabeza. Todos comenzamos a reír. Me volteé y le hice un guiño a Ana que sonreía ampliamente.

-¿Qué te pasa, estúpida?-

-Disculpa, Liv. Es la emoción.-

-La próxima vez emociónate con alguien más, imbécil.- Decía mientras se tallaba la cabeza.

-Creí que la tonta era la quejona, no tú.-

-No me compares con esa idiota.-

-Entonces no te portes como una mocosa. Sólo fue un puto golpe.-

-Cuida tu boca, Orozco.- Gritó Mónica.

-Lo siento, profe.-

-Tienes razón, sólo fue un golpe… Casi ni dolió.- Las ventajas de ser la “consentida” de la abeja reina. –A la próxima pégale a la idiota.-

-Creo que se vería muy personal si la golpeo estando ella en mi equipo.-

-Y yo soy la tonta.- Dijo Ana muy pero muy bajito; no me quedó de otra más que reír. De nuevo al saque Paola y el balón le llegó a Liv que de inmediato la mano a la rubia; la pobre no sabía ni como acomodar sus manos. Al no saber que hacer le metió el puño, para mi mala fortuna el balón pegó contra sus nudillos y salió con fuerza a mi dirección. Ni siquiera me dio tiempo de meter las manos y el balón dio de lleno a mi rostro.

-¡Mierda!- Escuchaba a todos reír, a todos, menos a la rubia que corrió a verme.

-¿Estás bien?-

-Di algo más, tonta.- Dije sólo para ella. Quedó viendo a su alrededor; todos estaban atentos a nuestra curiosa interacción. –A la próxima te va peor.- La forma en como lo dijo no lo creyó ni ella… terminé olvidando el golpe y me largué a reír.

-No sabes en lo que te metes, rubia tonta.-

-Ni tú tampoco, fastidiosa.-

-Ok, demasiada violencia y definitivamente no quiero a Lara enojada.- Dijo Mónica al llegar a donde estábamos. –Ana a tu esquina, por favor.- Reí de nuevo ante su metáfora.-

-Estoy bien, profe. No se preocupe.-

-Me preocupa lo que puedas hacerle a Ana.-

-Ella está a salvo… por ahora.- La quedé viendo y un pequeña sonrisa se formó en su rostro.

Casi lloré de alegría al escuchar la chicharra que anunciaba el final de las clases y el inicio de vacaciones. Necesitaba tanto tiempo libre como fuese posible. Tenía que ponerme al corriente con la mayoría de las materias; por lo que los profesores vieron este “descanso” como el idóneo para mí. Como siempre esperé a Norma pero ahora lo hice dentro de la escuela, la cual, creo que en cuestión de segundos, quedó completamente vacía. Sabía que eran los días de más trabajo para Norma por lo que me dispuse a descansar los ojos un rato.

-¿Cómo estás?-

-Con los ojos cerrados.- El olor a manzanas inundó mis fosas nasales. -¿No deberías estar en casa?-

-Papá de nuevo fue al otro pueblo y quería ver cómo estabas.- Abrí los ojos y la vi muy preocupada.

-Ana, esto no es nada. Me han golpeado peor, no te preocupes.-

-Lo lamento. No fue a…-

-No fue intencional, lo sé. Vi todo de frente, rubia. Quizá se hinche un poco pero hasta ahí. Si hubiese sido a propósito me hubieras sacado un ojo.- Sonrió.

-Quizá.- No me había dado cuenta de los lindos hoyuelos que se le formaban cuando reía. -¿Te han golpeado peor?-

-Tú no tienes nada de fuerza, rubia. Y de verdad que lo agradezco. Cuando entré al equipo de la prepa como “novatada” me dieron de balonazos todas las integrantes del equipo.-

-¿Cuántas eran?-

-Quince.- Sonreí. –Con esto me enseñaron que los golpes en casa te preparaban para los golpes de afuera.-

-Qué extraña frase.-

-Lo sé. Suena a violencia doméstica pero en la filosofía de allá.- Me quedó viendo por un momento antes de bajar la vista. -¿Qué pasa?-

-Me preguntaba sí… Quiero saber si tú puedes…-

-¿Ana?-

-Si puedes prestarme tu iPod un rato más.- ¿A dónde creía mi mente que iba eso? No quiero saber la respuesta.

-Claro, tenlo en tiempo que quieras.-

-La mayoría de tus canciones están en inglés y canta gente con voces de monstruos.-

-Guturales, tonta.-

-Eso. Aun así hay algunas que me gustan.-

-Bueno, debemos aprovechar eso para que practiques tu horrible pronunciación en inglés.-

-¿Horrible?-

-Espantosa.- Comencé a reír.

-¿Por qué eres tan fastidiosa?-

-¿Por qué eres tan tonta?- Ambas reímos.

-Debo confesarte que escuché la canción por la que te pregunté.- La sonora carcajada que solté retumbó por toda la escuela. –No es muy agradable.-

-El título lo dice todo, tonta.- Seguía riendo. –No puedo creer que lo hayas hecho.-

-Y nunca la volveré a escuchar.-

-Ya lo creo.-

-¿Debería pedir un deseo? Están compartiendo tiempo, chicas.- Dijo Norma saliendo de su oficina.

-Es Servicio Social. Ya sabe es la nueva y debemos ser amables.-

-Gracias por tu amabilidad en Educación Física, rubia.-

-De nada.- Dijo sonriente. –Hasta luego, profe.- Se dirigió sonriente a Norma. –Hasta luego, Lara.-

-Piérdete, tonta.-

-Lara.- Me reprendió Norma.

-Me dio un balonazo en la cara.- Me quejaba mientras la rubia se alejaba de nosotros.

-Y estoy segura que con gusto recibes otro más si eso hace que Torres esté lejos de ella.-

-¿De qué hablas?-

-Sé lo que estás haciendo, Lara. Y debo decir que es lo menos que espero de ti; eres muy noble.-

-¿Tú también con eso?- ¿Tan obvio era? Quizá para ellos sí pero la cara de odio de mis compañeros decía lo contrario.

-¿Yo también?-

-Omara me dijo lo mismo hace rato en clase. Se dio cuenta.-

-¿De qué se dio cuenta?-

-¿De qué hablas, Norma?- Comenzó a reír. –Muy graciosa, directora.- Respiré profundamente. –Sólo te pido de favor que seas considerada conmigo cuando golpee a Liv, porque sé que pasará.-

-Se supone que te debe caer mal y no deberías protegerla.-

-¿Quieres que la odie?-

-No, pero parecías tan convencida de querer odiarla que te salió el tiro por la culata.-

-Tú tienes parte de culpa en eso.-

-¿Yo?, ¿yo que hice?-

-No lo que hiciste, lo que dijiste o mejor dicho lo que no dijiste, Norma. Ya pasó por suficiente como para que Liv le haga la vida imposible aquí.-

-Cuales sean tus argumentos no quita que sea algo lindo, Lara. Yo sé muy bien que eres una buena chica.-

-Sólo quiero aligerarle la carga.-

-Y yo sé que lo haces y lo harás eso no te exculpa de lo que “pasará” con Olivia. Si la golpeas habrá consecuencias y lo sabes muy bien.-

-Bueno, espero no tener que llegar a esos extremos.-

-Yo también, pequeña Lara.- Le sonreí y salimos de la escuela. Norma, de nuevo me invitó a comer pero me dijo que tendría que lidiar con su hermana. Accedí. ¿Quién deja pasar un rato de diversión? Media hora después de nuestra llegada la sonriente mujer apareció.

-Espero no esté la mocosa aquí.- Levanté la mano.

-Mala suerte, bibliotecaria.-

-Oh, qué alegría verte aquí.-

-Lo puedo notar en tus suaves facciones.- Me mostró el dedo de en medio y recibió un golpe por parte de Norma.

-Compórtate.-

-Obedece y quizá te den de comer.- Ahora mostró sus dos dedos medios; Norma y yo reímos.

-A partir de ahora estás por tu cuenta, Lara. Yo no me meto en este lío.- Dijo Norma divertida.

-No te preocupes, muerde pero no tiene rabia.-

-Basta de tonteras, vine a comer.- Ingrid se sentó. –Norma, espero tengas baberos.- La comida pasó entre sagaces comentarios entre la agria mujer y yo y la que salió ganando fue Norma que lloró de tanta risa. A eso de las cuatro me fui a casa para prepararme para el último entrenamiento de la semana. Me decidí por unos shorts y una playera sin mangas. Media hora antes de la hora pactada ya me encontraba en la cancha poniendo la red y sacando balones y conos para el entrenamiento. Mi trabajo en la iglesia no me tomó más de una hora y quise aprovechar el tiempo.

-Me ganaste.- Volteé a ver a una sonriente Mónica.

-Tenía algo de tiempo.-

-Ese ojo se ve muy bien.-

-Sólo algo hinchado y un pequeño moretón.- Dije señalando mi pómulo izquierdo.

-Puedes decir que estuviste en una gran pelea.-

-Será un poco difícil ya que todos vieron lo que pasó. Me pegó la rubia que no sabe ni acomodar sus manos para la recepción.- La mujer sonrió.

-Bien, entonces nos quedamos con esa historia.- Poco a poco mis compañeras fueron llegando y recibí exactamente cero saludos. Ana era bastante agradable con todo el mundo y el hecho de que se metieran con ella automáticamente hacía que nos odiaran. Lo poco que había avanzado con el equipo lo perdí en menos de una semana: todo sea por la tonta rubia que no se defiende.

Estaba a cargo del estiramiento cuando vi una familiar melena dorada acercarse a la cancha. Llevaba pants, una playera blanca simple y tenis; todo apuntaba a que venía a entrenar con nosotras. O eso parecía. Tímidamente se acercó a Mónica, quién estaba absorta acomodando conos alrededor de la cancha. No escuchaba con claridad lo que decían pero la postura de Ana era la misma de cuando me pidió el iPod por más tiempo. Mónica asintió y la mandó a donde estábamos. Como por arte de magia mi equipo recordó como saludar.

-Hola, chicas.-

-Hola, Ana.- Contestó la mayoría.

-¿Qué te trae por aquí?- Preguntó Belém. -¿Vienes a dejarle el otro ojo morado?- Todas comenzaron a reír y la rubia se sonrojó.

-No, quiero aprender a jugar.-

-Estás en el lugar correcto.- Dijo Bety amablemente. -¿No hay palabras de aliento, Lara?-

-Cuídate.- Sentía los ojos de Ofelia atravesando mi cráneo. –Parece un deporte fácil pero no lo es. Necesitas disciplina y mucha constancia.-

-Habla la que le quitaron el uniforme.- La voz de Ofelia llegó hasta Mónica que casi de inmediato llegó a donde estábamos.

-¿Qué pasa aquí?-

-Nada. Ofelia tiene mucha ira reprimida y la quiere desquitar conmigo.-

-Sabes de qué va esto, Lara.- Se veía muy molesta.

-No te metas en lo que no sabes.-

-Señoritas, basta. Lara, circuito. Ofelia, cien abdominales.- El silencio era sepulcral, sin decir más me fui a lo que me mandaron y segundos después lo hizo Ofelia. Bety siguió al mando del calentamiento y pude ver a Ana viéndome de vez en cuando; tratando de ser discreta. Sabía que estaría preocupada y que me pediría disculpas innecesarias al final del entrenamiento.

Sonreí ante su iniciativa de entrenar y mejorar. Como yo ella también necesitaba subir sus calificaciones en la materia con Mónica ya que ahora estaba de por medio una apuesta. Realmente me preocupaba un poco su torpeza y que se fuera a lastimar. El “cuídate” iba más a que se cuidara de todo y no de mí; que fue lo que Ofelia interpretó. Al terminar de hacer el circuito fui a donde Mónica.

-Ve al saque.-

-¿Qué?-

-Vamos a trabajar con recepción.- Asentí y antes de que avanzara la mujer puso su mano en mi hombro. –No te contengas.- ¿No contenerme?, ¿escuche bien?

-Mónica…-

-La única forma en que aprendan a recibir es mediante golpes, lo sabes bien. Bueno, pues hoy aprenderemos a golpes. Bety y tú son las mejores sacadoras pero Bety estará acomodando las bolas que tus compañeras logren recibir.-

-No meterás a la rubia en esto, ¿cierto?-

-¿Te preocupa?-

-No quiero matarla.-

-Claro que ella no estará en eso, al menos por ahora. Ve.- Hizo sonar su silbato y dio las instrucciones a mis compañeras. Las primeras en recibir fueron Belém y Pao. Tomé el balón y mi saque fue directamente a Paola; ni siquiera movió las manos.

-Si pueden controlar los enclenques saques de Lara pueden con todo, niñas.-

-¿Enclenques?- Me pregunté a mí misma.

-Débiles.- Dijo Ana que estaba pasándome los balones.

-Como tú.-

-Díselo a tu ojo.-

-Chistosa.- Una por una mis compañeras fueron pasando, después de unas cuantas rondas Belém estaba acomodando y Bety fue al saque. A pesar de que sus saques no iban tan fuertes la forma en como le pegaba así que el balón se moviera un poco en el aire haciéndolo un poco difícil de controlar. Muchísimos minutos después Mónica nos dio un tiempo para tomar agua el cual usé para acercarme a Ana. Tomé un balón y la llevé dentro de la cancha.

-Recibir es básico, como ya te habrás dado cuenta. Sin una buena recepción no hay jugada. Todo está en que aprendas a usar adecuadamente tus manos y brazos y no mates a nadie.- Asintió. –Bien. Te lanzaré el balón y lo recibes como tú creas, ¿ok?-

-Bien.- Antes de lanzar el balón ya tenía lo dedos entrelazados y tenía cara de que le lanzaría una bomba. Sonreí.

-Primero, suelta los dedos. Pon tu mano el dorso de tu mano sobre la palma de la otra… Así.- Puse el balón entre mis rodillas y le mostré. –De esta manera estás preparada a volear en caso de que el balón no venga apto para un golpe.-

-¿Así?-Ana mostró sus manos.

-Muy bien.- Tomé de nuevo el balón. -¿Lista?- Asintió. Lancé el balón y la lanzó hacia atrás.

-Lo siento.-

-No te disculpes, tonta. Estás aprendiendo. El truco está en el movimiento de piernas, no en el de los brazos.- Fui por el balón y se lo di. –Lánzala hacia mí.- Me vio un poco dudosa. –No me vas a matar. Lánzala suave y hacia arriba.- Lo hizo y dirigí la recepción a ella. -¿Ves? Todo está en las piernas, los brazos están firmes para que la bola pegué ahí. Es fácil. Vamos de nuevo.-

Mónica me excluyó del entrenamiento para dejarme de entrenadora personal de la rubia. Al parecer le gustó mi iniciativa de ayudarla y vio lo “confiada” que se veía conmigo por lo que me dejó a cargo de ella. Ana mostró una vez más su facilidad para seguir instrucciones pero esto no sólo era teórico sino practico por lo que le tomaría un tiempo.

Me despedía de Mónica después de haber terminado y guardado todas las cosas en la bodega y después de recibir los primeros frutos de mi trabajo, cien gloriosos pesos. A pesar de nunca haberme faltado lo material o dinero en mis bolsillos el ganar mi propio dinero era sensación maravillosa. Mi esfuerzo y dedicación se veían recompensados después de un tiempo. Ahora, en menor medida, sentía lo que papá cuando la cadena de hoteles comenzó a funcionar. Quedamos con las chicas y Mónica que la primera semana sería de descanso y que nos veríamos hasta la segunda semana de vacaciones; claro, las que así lo desearan. Abracé a la mujer de cabello corto y comencé mi camino en dirección opuesta a la de ella.

-Tardan mucho.-

-¡Mierda!- Vi a la rubia salir detrás de un árbol. –En serio, Ana. ¿Cuál es tu pinche problema?-

-Lenguaje, Lara.-

-Dije pinche en lugar de puto.- Sonrió.

-Vaya cambio.-

-Creí que ya estabas en casa.-

-Quise esperarte… ya sabes te puedes perder.-

-Gracias por tu amabilidad pero la tonta eres tú.- Se quedó en silencio un momento. -¿Ana?- No respondía. –Ana es una broma.- Se paró en seco y se dirigió a mí.

-Deja de molestarme.-

-Ana, yo no…-

-Me refiero a la escuela.- Suspiró. –No me gusta la forma en como te ven, Lara. Y Ofelia… ella dice cosas muy feas de ti, no me gusta.- Se veía muy estresada por esto.

-Ana, no podría importarme menos lo que piensen o como me ven.-

-Pero yo estoy causando esto.-

-Porque yo así lo quiero, Ana. Es mi manera de…-

-Servicio Social.- Dijo triste.

-No, es mi manera de protegerte. Ya que tú eres incapaz de hacerlo. Ellos si quieren pueden golpearme pero yo no soporto que dejes que te digan lo que te dicen. No puedo, Ana.-

-No me molesta.-

-¿Otra vez con esa mierda? Sabes muy bien que es mentira. Si lo que dices es verdad sabrías lo preciosa e inteligente que eres… sabrías que eres mucho mejor que ellos.- Agachó la cabeza. -¿Qué es lo peor que pasaría si te defiendes?-

-Muchas cosas malas.- El terror en su voz. Hubiera preferido mil veces que me arrancaran el corazón y no escuchar esto. Hizo un intento por caminar.

-No huyas, Anita, por favor.- Poco a poco levantó la cabeza; aún con la escasa luz veía sus ojos llorosos. –Yo no sé qué pasó contigo pero yo… yo quiero… quiero que hagas algo, maldición. Es muy frustrante. ¿Por qué conmigo sí y con ellos no?-

-Ellos no son especiales.-

-Ana, lo único especial que tengo es la facilidad que tengo para hacer un desmadre todo en un rato.-

-No. Eso no te hace especial, hay más.- Hizo un intento por sonreír. –Me llamaste “Anita”-

-Me nació hacerlo.- Me encogí de hombros. -Ni se te ocurra llamarme “Larita” porque te doy un balonazo.- Ahora si sonrió.

-No, no lo haré. Se escucha horrible.-

-Lo sé.- Nuestras miradas se fundieron unos instantes. –A casa, majestad, necesita una ducha urgente.-

-¿Qué insinúas?-

-Que apestas.-

-¿Cómo pasamos del “Anita” al “apestas”?-

-Pues es la verdad, apestas.-

-Claro que no.- Llegamos a la iglesia discutiendo sobre si Ana apestaba o no; y es que era una gozada verla hacer pucheros y caras cuando algo no le gustaba, era una niña. De nuevo la acompañé a la puerta de atrás. –Gracias por lo que hiciste hoy, Lara. Nunca creí decir esto pero gracias por tu paciencia.-

-Me pagan por hacerlo.-

-Eres una tonta.-

-No, tú eres la tonta. Descansa, majestad.-

-Descansa, coach.- Le sonreí y me di la media vuelta.

-¿Lara?-

-¿Sí?-

-¿Me perdonas por el balonazo?-

-Ana, ya te dije que no pasa nada.- Levantó el meñique hacia mí. Necesitaba la absolución. –Te perdono.- Dije mientas entrelazaba mi meñique con el de ella. –Aparte el ojo morado me sienta bien, me da más imagen de chica ruda.-

-Ya lo creo.- Ahora si caminé con dirección a casa. Al llegar tomé una larga ducha y decidí que era un buen momento para repasar lo que había acontecido durante el día. Las primeras aburridas clases, los comentarios de Liv y míos a Ana, el receso, la clase de Mónica, la de Omara, la rubia y yo platicando a la salida y Norma pidiendo un deseo… Norma… Abrí los ojos de inmediato causando que algo de jabón entrara en ellos.

-¡Puta madre!- Me terminé de bañar tan rápido como pude y me vestí con lo primero que encontré. Norma me había llamado “pequeña Lara”. No estaba loca, sabía que esa voz ya la había escuchado antes. Hacía unos días estando en el bosque me quedé dormida y soñé algo; estaba en la mansión y alguien me llamaba… reconocí la voz de Norma pero creí que asociaba lo que extrañaba con lo que estaba viviendo actualmente. Me dije a mi misma que los cables se me habían cruzado. Corrí a la casa de la mujer y toqué la puerta como loca. Unos segundos después una asustada mujer abría la puerta.

-Lara, ¿todo bien?-

-¿Por qué no me dijiste que ya me conocías?