EMPEZANDO CON EL PIE EQUIVOCADO

y tratando de tener esperanza

La situación actual en la política nacional -e internacional- no puede ser más desesperanzadora para los mexicanos. Por una parte, tenemos a Enrique Peña Nieto, que empezado 2017 da la noticia del aumento de precio en la gasolina, en un intento por abrir el mercado de los combustibles a competidores extranjeros y empezar la privatización de PEMEX tal y como sucedió con TELMEX hace 25 años, esperando que los precios del combustible se autorregulen con la competencia entre vendedores. Sin embargo, con TELMEX vimos que el mercado comenzó a ser verdaderamente competitivo años después de su privatización y en gran parte gracias a la reforma de telecomunicaciones, siendo hasta hace poco esta empresa la que ponía los estándares de los precios en paquetes de telefonía, situación que podría repetirse con PEMEX.

El principal problema de la apertura del mercado para fomentar la competencia, es que esto sólo incrementara nuestra dependencia económica a las inversiones extranjeras; esto sumado a las amenazas de Trump en aras de querer conservar los empleos que generan empresas multinacionales para los americanos que no hacen otra cosa más que ponernos en estado pánico, que es como bien dijo Antonio Payán, es justificado pero merecido.


Las protestas

Si ponemos en retrospectiva la situación de México en 2012, cuando tuvieron lugar las elecciones presidenciales, en la que Televisa con toda la campaña mediática logró posicionar al PRI como un partido reestructurado y listo para tomar de nuevo las riendas del país, y si lo comparamos con la situación que hubo en el 2011 en Rusia cuando Putin tomó después de cuatro años de nuevo la presidencia y con la que hay actualmente en Estados Unidos con el presidente electo Donald Trump; de repente el panorama nacional (e internacional) se antoja desolador.

En los tres casos se reportaron irregularidades en el proceso de la elección, en los tres hubo disenso por parte de los ciudadanos y también en los tres, al menos desde la perspectiva de un ciudadano, no parece que las reclamaciones hayan trascendido para dar lugar a una respuesta efectiva por parte de los gobiernos.

La frase que dice la muñeca Barbie en la película Toy Story 3 se ajusta perfectamente a la actualidad e inmediatamente me remite a las ocasiones en las que el pueblo mexicano se ha manifestado por no estar de acuerdo con las reformas impuestas, más allá del aumento en el precio de la gasolina, podemos hacer un poco de memoria y ver el caso de los maestros con la reforma educativa.

La autoridad debería derivarse del consentimiento de los gobernados, no de la amenaza del uso de la fuerza.

En estas situaciones tal parece que siempre hay infiltrados que quieren desacreditar la causa, reduciendo las manifestaciones a actos de vandalismo que no tienen otra trascendencia más que sembrar el pánico en la ciudadanía.

Sin embargo, cuando las protestas de la ciudadanía contrastan tanto con los actos del gobierno firmando acuerdos superficiales que claman ser en favor de fortalecer la economía familiar, la inconformidad general con el autoritarismo de los gobiernos no puede hacer otra cosa mas que aumentar; por lo que — parafraseando a Denise Dresser en su discurso de cierre de 2016 — a nosotros como generación se nos impone el reto de resistir estos abusos o simplemente agachar la cabeza y dejar de ser.