Llore Conmigo Mami

Federico Blanco

San José, 1950. La Liga Feminista cumplía ya 27 años de existencia y el derecho al sufragio de las mujeres costarricenses recién había sido reconocido. Faltan aún 3 años para la elección de María Teresa Obregón, Ana Rosa Chacón y Estela Quesada como las primeras diputadas de Costa Rica.

Un domingo de marzo, el Estadio Nacional fue sede del primer equipo femenino en jugar futbol en América. 30 muchachas se separaron en “azules” y “rojas” para jugar al deporte más hermoso del mundo. Un año atrás, dos hermanos futbolistas habían decidido el Deportivo Femenino Costa Rica F.C. en el rezo de novenario de su papá.

Lidieth Hernández, recuerda la reacción negativa que generó esta decisión: “Que se nos iban a torcer las patas, que íbamos a quedar infértiles, que todas íbamos a terminar solteronas porque así no conseguiríamos marido. De todo nos dijeron con tal de que no siguiéramos jugando.”

26 de marzo de 1950, primer juego de futbol femenino en Costa Rica (Crédito: La Nación)

A pesar de las miradas y el cuchicheo, el Deportivo Femenino siguió jugando hasta 1963, cuando realizó una gira por México y Centroamerica. A pesar de hacer historia, estas mujeres no recibieron nunca financiamiento estatal ni de la Federación de Fútbol.

Casi 65 años después, en octubre del 2014, nuestra selección femenina clasifica por primera vez en la historia a un Mundial mayor. Nuestro equipo, liderado por Shirley Cruz, dos veces campeona de la UEFA Champions League -empatada en este registro con jugadores como Cristiano Ronaldo- derrotó a Trinidad y Tobago en un cerrado partido que se decidió en penales cuando nuestra guardameta Dinnia Díaz detuvo los 3 disparos trinitenses.

Sería lógico asumir que en algún punto entre estos eventos, el futbol femenino empezó a ser adecuadamente financiado y dejó de ser objeto de chota y de actitudes peyorativas en contra de las atletas. Pero la Sele femenina parece ser el mejor ejemplo de que las actitudes de discriminación no cambian tan fácilmente.

Shirley Cruz es el ícono del futbol femenino de nuestro país, habiendo ganado dos veces la UEFA Champions League y 6 veces la Liga Francesa de fútbol.

Obligadas a encargarse de sus propios gastos de transporte y alimentación durante su paso por el Mundial, las jugadoras se vieron forzadas a pedir donativos para poder costearse representar al país en esta competencia. Mientras tanto, ese mismo año, la FEDEFUTBOL recibió 9 millones de dólares de premio por el idéntico logro de la selección masculina de clasificar a Brasil 2014.

Esto no es exactamente un problema nacional. La FIFA, órgano rector del deporte y el mismo que otorga 9 millones a un equipo masculino solo por clasificar al Mundial, asigna apenas 2 millones de dólares a la escuadra femenina que se corone campeona del mundo. No sorprende esta actitud en un órgano que estuvo a cargo durante 17 años de un hombre que dijo que la clave del éxito del futbol femenino estaría en que las mujeres jugaran con pantalones más cortos para verse más femeninas.

Así, sin verdadero apoyo económico, con uñas y dientes, nuestra selección femenina nos acaba de regalar otro espectáculo. Derrotó por primera vez en la historia al combinado mexicano y quedó a un partido de clasificar a las Olimpiadas de Río 2016. Olimpiadas que, por cierto, reciben a 16 equipos masculinos pero solo 12 femeninos.

Las causas de todo esto no es, por supuesto, exclusiva del fútbol. Son síntoma de un sistema que sigue discriminando sistemáticamente a la mujer al imponerle roles basados en género que, como una bola de nieve, desencadenan en estas absurdas desigualdades.

Raquel Rodríguez fue la goleadora de la Sele durante el preolímpico que terminó la semana anterior.

Esta latente discriminación persigue a las futbolistas, igual que a sus predecesoras de 1950, desde el momento que deciden jugar un deporte que sigue siendo visto como “de hombres.” Basta preguntar a cualquier futbolista para comprobar que han sido víctimas de insultos homófobos, o que su práctica del deporte ha sido utilizada para reforzar la idea de que la mujer es un objeto sexual.

Si no creen que esto aún suceda, y no tienen una amiga futbolista que se los cuente personalmente, escuchen a este genio anunciar el inicio del premundial de la Sele: “La selección femenina va a enfrentar a la jugadora más guapa y a una portera que generó locura por publicar fotos desnuda.” Ah, y también comienza su hacia las Olimpiadas.

Las jugadoras de la Sele son tan pioneras como el Deportivo femenino que hizo hisotira aquel domingo de 1950 en el Estadio Nacional, porque siguen rompiendo terreno entre una sociedad machista para darse su lugar como deportistas y como mujeres. Es necesario que quienes defendemos los ideales de igualdad las acompañemos, no solo celebrando sus goles y triunfos, sino exigiendo que sean tratadas con dignidad, respeto, y no como una categoría inferior al futbol masculino.

Federico Blanco es estudiante de Comunicación Colectiva y Derecho y fue miembro del Directorio de la FEUCR en el período 2014–2015.

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