Empezar de nuevo
Sobre llegar a un nuevo lugar, sobre adaptarse, el aburrimiento y la soledad

La sensación es la misma que la de hace unos años. Son los nuevos comienzos. El llegar a una ciudad en la que no conoces a nadie y tener que hacerla tuya. Son tiempos en los que redescubres la soledad. Volver a hacer cosas por tu cuenta, sin una red familiar o de amistades más que la que puedas conseguir por teléfono o Skype. Son tiempos en los que vuelves a hablar con tus padres una vez al día, como al principio, cuando llegaste a la universidad. Papá, he hecho esta receta, seguro que te gustará. Mamá, ¿debería coger este piso o aquel otro? Papá, en este país tienen unas costumbres totalmente diferentes, ¡no sé si me voy a acostumbrar a este idioma, a cenar a las ocho!
Hacer las cosas solo tiene sus ventajas. En la cola para hacerme el abono del transporte público pude conocer a dos estudiantes con las que trabé una amistad exprés, de esas que se basan en compartir una misma pena -en este caso, la de la burocracia romana. En una visita a un cementerio -el no católico-, frente a la tumba de Keats, conocí a un chaval chino apasionado por la poesía y la literatura en inglés. Cuando le dije que era periodista, dijo que sentía mucha admiración hacia el gremio (no es algo que suela escuchar después de mencionar mi profesión), y que le dijera mi nombre para leer aquello que escribiera. Le daba igual que estuviera en castellano, idioma que no conocía. Después le acompañé hasta el Coliseo, aunque no estaba muy impresionado porque no le interesaba la historia, según me contó.
Intentas ocupar tu tiempo, evitas el silencio con música, podcasts, series, o lo más efectivo, saliendo a la calle. Saliendo a lo que sea.
Este tipo de cosas, como decía, no suelen ocurrir cuando haces turismo o gestiones administrativas con compañía. Luego está el aburrimiento, claro. Te puede afectar más o menos, dependiendo del tipo de persona que seas. Si tiendes a la melancolía crónica, como el que escribe, puede ser muy desasosegante. Intentas ocupar tu tiempo, evitas el silencio con música, podcasts, series, o lo más efectivo, saliendo a la calle. Saliendo a lo que sea.
Curiosamente, en los nuevos comienzos una de las actividades que más he acabado haciendo ha sido comprar. Salir a la calle con una misión no siempre es fácil, y el consumismo imperante termina provocando lo hagas dirección a una tienda a por cosas que en ese momento te parecen super útiles, y que probablemente no tocarás durante todo ese año. El Tiger es el prototipo de ese antídoto contra el aburrimiento.
El tiempo de adaptación es el que pasa hasta que te sientes cómodo en un sitio nuevo, cuando si haces algo solo es por elección, no por obligación.
Como persona que, por suerte o por desgracia (tal vez una combinación de las dos), he vivido en muchos sitios diferentes, he pasado por varios nuevos comienzos. Algunos han sido más llevaderos que otros, en algunos el tiempo de adaptación ha sido una semana, en otros un año. El tiempo de adaptación es el que pasa hasta que te sientes cómodo en un sitio nuevo, cuando si haces algo solo es por elección, no por obligación. Esa creo que es la clave.
Hay sitios que se prestan más a ello, hay lugares más acogedores que otros, pero básicamente es una lotería. Todo depende de con quién te toque vivir, de si conoces a alguien en el sitio al que vas (un mínimo conocido te puede salvar la vida), o de si se alinean los astros y en tu clase/puesto de trabajo estarán las personas adecuadas y que formarán parte de tu vida para mucho tiempo después.
En valenciano tenemos una palabra, desfici, que tiene difícil traducción, pero que es algo así como una sensación mezcla de intranquilidad, aburrimiento y sentir que necesitas hacer algo pero que no sabes qué. Es algo que se vive en los nuevos comienzos, especialmente cuando tienes tiempo libre. Esa sensación se va atenuando conforme pasa el tiempo, cuando los comienzos dejan de serlo y has convertido tu nuevo lugar en parte de ti. Es entonces cuando el desfici pasa a su lugar natural, los domingos por la tarde.
