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Para mí ya era una cuestión recurrente, pero en una conversación que tuve hace escasos días se reforzó su posición: ¿Es el plano americano de Ford, con John Wayne de base, de medida, de principio y fin, el más completo? La otra persona sostenía que si bien Ford tenía un toque único y el caminar desgarbado de Wayne facilitaba y favorecía dicho plano, Howard Hawks era el cineasta indiscutible de los planos americanos. Hawks era otra bestia, sacando el máximo provecho siempre de Wayne, como en Red River (1948), pero lo de John Ford era pura inventiva.

Mientras veía el otro día The Horse Soldiers (1959) no podía salir de mi asombro: prácticamente la película entera se compone de planos generales, americanos y medios; pero los poquísimos primeros planos que hay son arrebatadores y de un impacto indescriptible. Estos primeros planos, como el plano-contraplano de John Wayne y Constance Towers cuando esta le está rajando el pantalón para posteriormente curarle una herida, con ambos callados, confidentes, reconociendo su amor y desdicha, su pasión y terror, es DESGARRADOR.

La calidad de las fotos es terrible pero su fuerza es la misma

John Ford siempre ha sido un maestro sacándole el mayor jugo a las imágenes, encuadrando a los personajes de modo que están ahí, portando, sean uno o quinientos, pero siendo respaldados por el paisaje, el medio natural. (En la ya citada Red River, y casi dándole la razón a la otra persona que me lo sugirió, pues para mí Hawks es tan grande como se quiera, esto es casi más explícito, con la lucha constante del ser humano con el entorno -el desierto- y siendo este el que le hace evolucionar o involucionar, pero causando a fin de cuentas una incidencia o una configuración en dichos seres). Ya sea el desierto, que lo conocía como nadie, o en este caso el bosque: todo un mundo ocurre detrás de las espaldas de Wayne; miles de vidas de soldados que no conocemos, que pasan por delante de la pantalla, que son heridos en batalla o asesinados, que no aparecen pero que están ahí, de un bando u otro, que ejercen una influencia en el personaje de Wayne y, sobre todo en, Ford.

Como ocurre en todo el cine de Ford, es la mujer la que pone la cordura y la fuerza. Quizá no sea la mejor película en ese sentido, pues en otras las problemáticas entre hombre y mujer y la posición de esta respecto al varón, usualmente recio y terco son más redondas, pero es la mujer la que incide en el hombre y le hace replantearse ciertas ideas, ciertos sentimientos, aunque la relación entre ambos acabe en nada o trágicamente. Es precisamente gracias a la mujer y su tenacidad lo que provoca ese plano-contraplano anteriormente citado en donde Wayne no necesita decir una palabra para decirlo todo. De hecho, Ford regala más porción de plano a Constance porque es ella la que incide en Wayne, y no al revés, pese a que ella también se enamora de él.

Otra constante en el cine de Ford, que trata de manera más magistral en películas como Fort Apache, es la moral de los poderosos y cómo ésta se comporta cuando choca frente a frente con la moral de un súbdito. El personaje de Wayne se distancia inicialmente del de William Holden, siendo uno mayor y el otro médico de campo, pero Ford siempre los mantiene en una igualdad “humana” (como decía Manoel de Oliveira, se filma el alma de los personajes, y alma tienen tanto los ricos como los pobres, pese a todo). No es cuestión de despreciar a uno y apremiar al otro, pues cada uno tiene sus razones dentro del contexto bélico, sino de equipararles en un tira y afloja donde, sí, existe un respeto mutuo.

Todo lo que hace John Ford en The Horse Soldiers lo hace mejor en otras, pero claro, es que estamos hablando de una película magnífica. Es que Ford era incapaz de filmar un conflicto armado donde se faltase al respeto a sus personajes. Es que el plano americano constante de Wayne es una delicia. Es que la escena de la sanación es mucho (pero mucho). Es que he comenzado haciendo una pregunta que no pienso responder. Es que me he terminado yendo por las ramas. Pero es que tenéis que verla.