De lo concreto a lo general

En The Bad and the Beautiful de Vincente Minelli hay una obsesión constante por partir de lo concreto hacia lo general: de los planos detalle de objetos determinantes a planos generales de personajes, usualmente, sentados; del cine de Serie B a las producciones hollywoodienses; del patetismo de un apellido repudiado (‘Shields’) al reconocimiento del mismo y subyugación ante él; del cine como unidad mínima (el plano) a la repetición hasta el hastío de escenas, por algún motivo, quizá ninguno racional, aún por aprovechar. Partir de lo concreto a lo general, como viaje iniciático: la película es un canto de amor hacia el cine, desde las miserias de una industria estéticamente inalcanzable hasta la resignación de los protagonistas por su adicción a este.

En la película se establecen, digamos, dos niveles de comunicación: por un lado, pasado y presente, conectados a través de una persona, Harry Pebbel (Walter Pidgeon), cuya extensión es el teléfono de su escritorio; por otro, el cine: las aspiraciones, las ideas, la pre-producción, el rodaje, la post-producción.

En el primer nivel de comunicación los personajes actuales, el director Fred Amiel (Barry Sullivan), la actriz Georgia Lorrison (Lana Turner) y el novelista y guionista James Lee Barlow (Dick Powell) ejercen la resistencia, sirviéndose de la memoria (de los recuerdos) para espantar al fantasma del productor cinematográfico Jonathan Shields, que pulula por la sala escondiéndose tras Harry, pues a este nivel es incapaz de comunicarse con ellos sin caer en el ridículo, el descrédito y la vergüenza. Se les encuadra generalmente a los tres, sentados, en orden descendente de arriba hacia abajo y de derecha a izquierda, porque los tres componen la vida de Jonathan, cronológicamente. Cada uno relata su historia pero el punto central es común: el desengaño de un hombre embaucador en el que depositaron confianza, confidencia y creatividad (el otro nivel paralelo).

Los tres, que son uno (la resistencia contra Jonathan), se exponen ante Harry en orden sucesivo

En el segundo nivel de comunicación los tres personajes encuentran en Jonathan Shield aquello que andaban buscando. Fred Amiel da con una mente creativa, dispuesta a ir más allá y con la suficiente ambición y el desparpajo como para por fin ser valorado como lo que se siente: alguien con talento; Georgia Lorrison, alcohólica, depresiva, descubre a un hombre capaz de hacerla brillar los ojos como deberían brillar los ojos de su personaje en una película que está grabando y de presionar y no ceder para que ella, talentosa pese a todo, pueda lucirse. James Lee Barlow topa con alguien que primeramente evita, pues representa todo aquello que detesta (un “tiburón”), pero que finalmente logra estimular y perfeccionar (encauzar si se quiere) su imaginación y dotes para la narrativa. Jonathan les arruinará la vida pero también será la base de sus éxitos: de una forma u otra no se puede romper la unión.

En el primer nivel, la resistencia a la presión, el no diálogo con Jonathan, va de la negación concienzuda (lo concreto) a la necesidad de escuchar una vez más las ideas de este y comunicarse con él (lo general) en el segundo nivel, el del cine como elemento expresivo, conector y corrector, donde van de una posición inicial, la frustración si se quiere (lo concreto), al pico de su creatividad (lo general). En el primer nivel Minelli no filma a Jonathan porque claramente él no pertenece a dicho nivel, o más concretamente, él no puede comunicarse: Jonathan es un engreído, traumado por el desprecio de la industria a su padre, manipulador y mentiroso, que si bien no es un ser malvado tampoco puede ser uno bueno. En el segundo nivel, Minelli graba con pasión a Jonathan, con la pasión de aquel que solo sabe hacer cine, como aquel que se transforma cuando hace cine. Solo Harry Pebbel, su contable pero también su amigo, es capaz de comunicarse con Jonathan en ambos niveles.

Si Fred es capaz de dirigir sus propias películas, si Georgia es capaz de dibujar bigotes en los retratos de su padre, si James es capaz de no caer en la sequía imaginativa, es gracias a la pasión de Jonathan; aunque a Fred le fuese robado su trabajo sin tenerle en consideración, Georgia fuese manipulada y engañada y a James se le matase su esposa. Cuando estas desgracias ocurren, la comunicación cambia y Jonathan desaparece presencialmente del plano. En la secuencia final, donde, una vez tenemos todas las piezas de la historia, ellos se niegan inicialmente a establecer comunicación con Jonathan, vuelven a compartir plano general: Fred, Georgia y James escuchan expectantes y excitados la propuesta de Jonathan, que no aparece, al que ni siquiera se le oye, pero que está ahí; la comunicación ha sido reestablecida y todos se encuentran, de nuevo, a la misma altura. Del segundo nivel de comunicación (el cine; lo concreto) al primer nivel de comunicación (la persona; lo general). De la ficción a la realidad.

De la negación a la posibilidad: los tres reestablecen el nivel de comunicación con Jonathan

The Bad and The Beautiful, el Jonathan Shields creador y el Jonathan Shields humano, el sueño de Hollywood y los intestinos de Hollywood. Todos Cautivos del Mal.

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