Parte 1

Nunca jamás trate con más seriedad a una sonrisa, podía ir y venir, llegar un martes a las 4 de la tarde como un viernes en la noche tres años después y mi reacción fue siempre la misma, mis ojos se volvieron brazos abiertos y mi calendario una extensión de su deseo. Recuerdo el día que la conocí, yo intentaba cruzar por la pubertad sin medir mi estómago, y ella ponía su sonrisa en cada cosa, en cada palabra. Casualidad la llaman, pero como llamar destino a encontrar el amor de tu vida al lado de un animal disecado?, tal vez sea el llamado de corazones que navegan la inmensidad de la eternidad y que de alguna forma saben que se encontraran incluso en el más particular de los lugares. La exposición podría haber tratado de la receta para la vida eterna y aun así ella hubiera eclipsado tal hipótesis, en definitiva y en mi pequeño mundo todo careció de sentido excepto que ella iluminaba la habitación.

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