Liebesnacht

¿Amor mío, qué podría ser peor que verte llorar?

El mundo es tan injusto, tan cruel y absurdo. Quienes deberían reír, lloran; y quienes deberían morir, viven.

No entiendo muchas cosas. Por eso parece que las entiendo cuando hablo; en el fondo, solamente balbuceo de manera lujosa, pues hace rato aprendí a fingir interés falsamente ilustrado. Excepto cuando te veo. ¿Qué te puedo decir? Nada más sincero que mi ojo gacho.

Nada mejor que ver tu cara por las mañanas. Tu espalda por las noches. Mis ojos saltones pegados a tu figura; mis expresiones particulares por ti.

No soy un tipo romántico, ni me gusta escribir; tampoco me gustan los cafés por la tarde o los clubes de poesía. Pero nada me provoca más, que compartir todos tus gustos y aficiones. Es mi máxima pasión. Mi único objeto de estudio.

¿Cocaína o tu cara por las tardes? ¿El cielo o tus piernas por las madrugadas?

Nunca me había sentido tan complacido con mi rostro denotando tanta estupidez. En esos momentos cuando me pierdo queriendo comprender de qué manera tus labios se alinean con cada palabra, en contraste con tus dientes de conejo. No había conocido a nadie más que pudiera poner los dientes de esa manera sobre sus encías. Es un don con el que pocos nacemos, si me lo permitís.

Pierdo la noción del tiempo, cada que siento tus manos sobre mi rostro. Volviendo todo frío y oscuro. Todo es tan natural, como una canción feliz que solía escuchar de pequeño. Tu cabello sobre mis hombros. Mis manos sobre tu boca.

Poco a poco tu sonrisa se dibuja en el firmamento, mientras las nubes se inclinan ante ti. Todo lo que te importa, importa para el mundo. Importa para mí. Soy tan modesto, sobre todo si se trata de amarte.

¿Amor mío, qué podría ser mejor que verte feliz?

— Hacerte feliz.

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