Estimaciones apresuradas y pésimos remanentes confirmatorios

Me atrapó tu mirada, desconcertada y traslúcida… ésa que me transmitió tu melancólica y apacible serenidad gris, como si llevases varias noches practicando inmutar por fuera y llorar por dentro.

Parecía que deambulabas sin rumbo alguno, mientras te ahogabas en lo más profundo de tu increíble y perfecta manera de ver el mundo. Una cosa sí te puedo asegurar -siendo yo un ferviente y devoto partidario del silencio confirmatorio-: sentí que tú y yo estábamos igual de perdidos.

Aunque nunca hubiésemos cruzado palabra alguna, supuse con cierto grado de arbitraria autoridad, que tú y yo, nos veníamos compartiendo el mundo desde hace no menos de un millón de años.

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