Las celebraciones en nuestra vida

Celebrar la vida ha sido un regalo cultural y social que desde tiempos ancestrales ha alimentado el espíritu y el encuentro de la comunidad. En tiempos antiguos y en otras culturas, el sentido de cada celebración estaba impregnado en cada detalle, todos trabajando juntos en la preparación y haciendo énfasis en un proceso sencillo y natural que ofrendaba ese momento al encuentro entre seres humanos y su relación con el mundo.
Con el pasar del tiempo y con la vorágine de la actualidad, es momento que nos preguntemos ¿Cómo son nuestras fiestas, nuestros encuentros? Qué tipo de valores promovemos? ¿Qué es lo verdaderamente importante cada vez que celebramos?
Con la conciencia y observación clara de lo que sucedía en la naturaleza, antaño se celebraban los cambios de estación, como un espejo de lo que habitaba en la esencia del ser humano. Con el canto, la poesía y el arte se agradecían los cambios que los seres humanos experimentaban en cada momento.

De este modo, es sólo a través de la naturaleza, que sin necesidad de dar sermones o intentar enseñar a los niños sobre la vida, puede despertarse una quietud interior que les permita actuar en concordancia con su propia esencia.
Día a día en nuestra escuela, los niños experimentan que gracias a la conexión con los ciclos y ritmos de la vida, se puede impregnar la esencia anímica y espiritual de gozo y sentido, de tal modo que durante los primeros 7 años de vida, cuando transitamos por las celebraciones que tienen que ver con los ciclos y los ritmos de las estaciones, despertamos en el niño un verdadero sentido de devoción y reverencia. Es esta gratitud y asombro ante la vida, lo que nos da la certeza de sabernos acompañados y guiados por algo más grande que nosotros mismos.
Es necesario que como adultos recuperemos el respeto hacia el proceso de desarrollo que experimenta un niño, pues si lo exponemos desde pequeño a imágenes y sonidos estruendosos o grotescos, será muy difícil que aspiremos a una sociedad de paz.

Los niños pequeños no son un bufón que busca despertar nuestra alegría o nuestra ternura cada vez que los orillamos a situaciones ficticias creadas por los adultos, no hace falta ser pedagogo para darse cuenta de esto y es que hoy por hoy al adulto nos cuesta trabajo identificar lo bello, lo bueno y lo verdadero de la vida cotidiana, porque estos son aspectos sutiles de la realidad, que se educan principalmente en la primera infancia.
La moda, el confort, la competencia, y la cantidad de estereotipos (imágenes de personajes creados para el consumo) lo único que hacen es encerrar la creatividad de los niños en un cajón. Cuando celebramos los cumpleaños es muy fácil caer en la manipulación y el control que ejercen la mercadotecnia y el consumismo.
Es en la adultez donde solemos pasar desapercibido el verdadero sentido de cada celebración, es justo cuando debemos preguntarnos ¿Qué es importante en lo que celebramos? ¿Qué es sustancia? ¿Qué es paja?
La celebración más común es la celebración de cumpleaños, pero ¿Cómo podríamos vivirla con más sentido y coherencia con los ritmos de la vida?
Si bien parece lo más cotidiano, podríamos empezar por reflexionar acerca de cómo el universo conspira para que cada uno nazca en el momento y lugar indicado, fuera de la casualidad. Es un día en el que se alinea todo para que esa persona pueda cumplir con la misión encomendada al nacer. Este día se pueden aprovechar especialmente las fuerzas del impulso de vida, a través de la conciencia y la memoria de los años transcurridos.

Le alimenta la preparación unas semanas antes, escribiendo y re-escribiendo su historia, celebrando con las personas queridas, compartiendo algo simbólico que representa aquella luz que damos a otros seres, a través de ofrendas y cantos podemos generar juntos una intención colectiva que nos acompañará a lo largo de nuestro siguiente ciclo, importando así lo que hacemos y deseamos juntos.
A través de estos pequeños rituales, podemos dotar de sentido y significado cada momento de la vida y reconocer que los espacios de encuentro entre personas son sagrados.
¡Te invito a celebrar la vida! Con profundidad, sencillez y mucha alegría, porque el encuentro consciente entre seres humanos será el fundamento de una sociedad más humana.
Patricia Muñoz (co-fundadora de la comunidad educativa Amantolli)
