Kuña Rekove (Pave’ỹ) (Comentario)
Por Amaranta
Hoy tuve la gran alegría de poder asistir a la que espero no sea verdaderamente la última función de la obra Kuña Rekove (Pave´ỹ). No quiero que sea la última porque salí de la Biblioteca del Congreso Nacional con ganas de que todas las mujeres que aprecio puedan ver esta obra, y recibirla como me encontré haciéndolo yo; a través de los lentes de mi propia historia.
Si bien me considero una amante del arte, sé que todavía me falta recorrer mucho para tener un conocimiento siquiera básico sobre esta sistemática condensación y expansión de sentires y pensares. Pero así también, pienso que el arte está hecho para el disfrute de todxs y por eso no hay mejor críticx que lxs mundanxs como yo. Además siento una gran necesidad de agradecer y compartir lo que significó para mi esta puesta en escena, es por eso que me tomo el atrevimiento de desglosarla y comunicarla.

Quiero empezar valorando enormemente la actuación de Regina Bachero, Katia García y Ruth Ferreira, que representaron de forma tan disciplinada y sensible sus historias, las historias de siete mujeres más y las historias de todas nosotras como mujeres, como paraguayas. El escenario sólo contaba con un sofá, dos latonas y dos banquitos como utilería, pero ellas nos pusieron en completo contexto y pudimos conocer los lugares e incluso a las personas que rodearon las vidas de estas mujeres. Ver las expresiones de sus caras, los movimientos de sus cuerpos, escuchar sus palabras retumbar y quebrarse en las paredes de la sala, fue algo maravilloso.
La música se percibió emocionante, las voces y los instrumentos de Dahia Valenzuela y Margie Nielsen acompañaron cada escena con una energía y ritmo que te conmocionaba hasta los poros. Me agradó como la melodía dejó de ser un complemento de la obra para pasar a ser otra forma narrar.
La iluminación creaba unas tres sombras por cada actriz, eso dio la ilusión de que no sólo se contaban los relatos de las protagonistas, sino los de muchas mujeres más. El formato quebrado de la obra, la coreografía, todo fue realmente palpitante.
Y las historias. Tan dolorosas, tan cercanas, tan ajenas, reflejos de mis sufrimientos y luchas, críticas a mis indiferencias. Sentí impotencia por cada injusticia que le tocó vivir a esas mujeres, me contemplé como victima, como cómplice y como agresora. Fue una mezcla de emociones muy difícil de asimilar, pero eso hace que sea tan magnifica la obra, cuando el arte te logra sacar de la zona de confort, genera controversia y te hace cuestionar lo establecido, está cumpliendo con su objetivo.
Los testimonios fueron tristes, sufridos, pero recibí esta obra como un mensaje de resiliencia, empoderamiento y sororidad. La función terminó y no me quedaba más que pararme y aplaudir con el alma como devolución por estos relatos de fuerza y amor que me invitaron a mirarme, mirarlas y mirarnos, con esa mirada que es a los ojos, que dice “te veo, de verdad te veo”.
La función terminó y llegué a mi casa con la necesidad de decirles gracias, gracias Paola, Edda, Regina, Katia, Ruth, Dahia, Margi, gracias a las 171 mujeres encuestadas y a todxs lxs que hicieron posible este proyecto. Gracias Tina, Cristina, Lucía, Belencha, Yren, Kelly y Ñeca, por exponerse, abrirse y regalarnos con sus historias de vida un poco de su fortaleza para seguir buscando ser mujeres felices en esta vida que a veces duele tanto pero no deja de ser mágica y no deja de ser nuestra.
