Arquitectura y Música

Algunos criterios para diseñar un conservatorio

Música y Arquitectura tienen muchas características comunes. Proyectar un edificio es semejante a componer una sinfonía. El arquitecto “compone” los diferentes elementos que coexisten en una obra, del mismo modo que el compositor “construye” sus partituras desde los primeros bocetos hasta los últimos detalles. Por otra parte, ambas artes difieren en algo esencial: la arquitectura ocupa un espacio, permanece en él desde que finaliza su construcción y es tangible; la música se desarrolla en el tiempo, es efímera y esencialmente abstracta.

En cierto sentido, diseñar un conservatorio de música implica tratar de contener una obra de arte abstracta en una obra de arte física. En su interior se debe favorecer el desarrollo de una actividad tan profundamente creativa como la música y potenciar la inspiración de los usuarios. Dentro del caos de la ruidosa y dinámica ciudad, un conservatorio podría entenderse como un refugio musical al que acudir para aislarse del estrepitoso mundo de la vida diaria. Un conservatorio moderno debe ser un edificio versátil, abierto a los nuevos géneros y las nuevas tendencias musicales, y no tratarse únicamente como un contenedor de historia musical.

En general, un centro de enseñanza necesita ser acogedor, no carcelario, y en particular un edificio dedicado a la enseñanza de un arte tiene que presentarse evocador y ser un catalizador de la creatividad. La sociedad no se puede educar únicamente en colegios e institutos; una parte imprescindible de la formación de sus individuos es la educación cultural. Si se lograra toda una red de diferentes tipos de escuelas públicas y gratuitas, no sólo mejoraría cada persona individualmente, sino que a medio y largo plazo toda la sociedad se vería recompensada.

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