Alivio inconsciente

Años y años no sirven de nada cuando de desconfianza se trata. Ese sentimiento impuro y destructor, que desgarra y parte en dos lo que tardaste años en forjar.

El dolor es insoportable y la impotencia me consume poco a poco.

¡Sentirse incapaz! Mediocridad, de eso se trata. Eso me mata.

Mis ojos se vacían poco a poco, pierden su vitalidad. Quedan huecos, sin expresión. Sin embargo transparentes, por las lagrimas delatoras que me hacen fácil de descifrar.

Tantos planes, tantos deseos. ¿De qué sirvieron? Nada. En absoluto.

Su cabeza es una masa fácil de moldear.

Y tan hiriente era su boca, como un arma, que cortaba todo mi cuerpo con cada sílaba que emitía.

Tan tóxico que contaminaba, tan loco que enfermaba, pero tan longevo que era una necesidad, y lo sigue siendo.

¡No es capaz de entender! !No es capaz de ver lo evidente!

y mi agonía sigue creciendo, ya no puedo seguir así.

Hace eco en mi pecho, me hunde. Como si me hubiesen arrancado de forma tortuosa, lenta y cruel, una parte de mi historia, y mi corazón.

De la tristeza crece mi alivio, de mi alivio nace la tristeza. Y no estoy segura qué sentimiento lucha por calar más profundo en mí.

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