supervivencia

las cosas que nunca te dije llegaron tan tarde a mi boca que ya no podían curar
Sólo cuando nadie mira imaginamos, sólo cuando la duda se acomoda en la boca del estómago recordamos. Cuando ya nada nos toca, es entonces que aparecen: ciertas manos y su recorrido, hábilmente trazado en nuestra memoria más por deseo que por recuerdo, cientos de palabras jamás pronunciadas, restos de poemas atascados en la garganta.
Vuelven una y otra vez sin dar tregua, hacen preguntas para las que no tenemos respuesta, piden explicaciones pero nada las aleja. Nos van habitando entonces, y lo hacen desde el exacto centro, extendiendo raíces y tentáculos en todas direcciones, invadiendo cada tejido, cada poro, hasta que ya no queda un solo rincón de nosotros por conquistar.
Cuando uno quiere darse cuenta, está habitado para siempre. Por ciertas manos y su recorrido, por lo nunca dicho, por lo que está siendo escrito.
Nada que hagamos ya podrá borrarlo. Así que aprendemos a vivir con ello, y cuando el dolor asoma, nos miramos al espejo y nos recordamos que, quien más y quien menos, todos estamos sobreviviendo.
