Perfecta Ceguera

Alcoholizado por tu perfume y deslumbrado por tu mirada, te abrazaba como un borracho a la botella y como un ciego leía tu cuerpo entero.

Tus ojos aunque culpables de mi ceguera, me hundían en tus memorias y paradójicamente me dejaban verte desnuda.

Podía oler tus deseos, oír tus penas, sentir tus gestos y como un rompecabezas tu figura aparecía lentamente.

Y aunque inmediatamente quería verte completa, irresistible era ver el proceso de tu composición.

Tus eternas piernas se fusionaban con mis brazos, mientras tus intensos suspiros masajeaban mi cuello.

Era un ritual perfectamente sincronizado, los latidos coordinaban el ritmo, el calor crecía y mientras el tiempo poco a poco se detenia.

Así en cámara lenta, casi en un estado de trance, pero consciente de que el momento era real y que nuestra existencia era aunque temporal, perfecta.