¿Vivir cómoda o despierta?

Durante mucho tiempo he invertido gran parte de mi energía en tener una vida confortable o al menos buscar y mantener espacios de confort con los que desahogarme, aliviarme, relajarme y desconectar de la vida y sus múltiples desafíos. Así es como yo veía la vida, como algo ajeno a mí de lo que escapar una vez había cumplido con mis obligaciones y deberes. Eso significaba para mí la responsabilidad, hacer mías las expectativas ajenas y responder obedientemente a ellas para complacer y convertirme en la mejor persona posible, al gusto de todos, sin crear ningún conflicto o desafiar ningún esquema.

Mi objetivo era ser ‘buena’ y agradable por encima de todo. Algo que acababa siendo agotador, pues requería de estar pendiente de todo lo que sucedía a mi alrededor, respondiendo a ello como una malabarista, haciendo movimientos cada vez más complicados, en los que dedicaba toda mi atención y perseverancia a lo externo, sacrificando así la comunicación conmigo misma. Esto me llevaba a una gran desnutrición energética originada por la ausencia de mí en mi vida. Ahora veo que había mucha prepotencia en esa actitud, pues buscaba algo imposible, que era controlar todo lo que me rodeaba e intervenir en ello pretendiendo hacerlo encajar con unos ideales que había en mi mente, tratando de agradar a todos, sin respetarme ni respetar profundamente el fruto de las elecciones de cada uno. Creyéndome capaz de ‘mejorar’ situaciones que ni estaba en mi mano ni me correspondía cambiar. Prepotente por creerme mejor que otros por la ‘bondad’ de la forma que yo mostraba, cuando internamente estaba desierta de amor. Falsa por el vacío de mis sonrisas.

En un mundo donde la felicidad está asociada a ciertos cánones y formas, la seriedad, el silencio o la expresión de lo que no funciona, no suelen ser valores en alza sino aspectos incómodos de los que es mejor prevenirse, pues pueden exponer la verdad de lo que se oculta tras una aparentemente inocente sonrisa. Tomar consciencia de esta falsedad que he alimentado, me ha producido en primer lugar una enorme incomodidad, pues he podido sentir la gran contradicción en la que he vivido, en la que en muchas ocasiones ha habido una división entre lo que sentía y lo que hacía o mostraba. Incomodidad por sentir que lo que hacía por los demás no era capaz de hacerlo por mí misma, con lo cual predicaba lo que no hacía, y de este modo no era verdadero. Cuando las palabras están vacías de mí, expresan la misma falsedad que yo vivo. Cuando dicen una cosa y emiten otra, el mensaje es confuso, se traiciona su significado y no hay verdadera comunicación.

Toda esta incomodidad que empecé a sentir iba en contra de aquel confort que tanto anhelaba, pero a favor de una vuelta a casa, es decir, de un regreso a mí. Hoy puedo agradecer esa incomodidad pues con ella he tomado consciencia de dónde estaba, lo que estaba alimentando y sobretodo de lo lejos que estaba de quien en esencia soy. Me ha llevado a profundizar en el significado de la palabra responsabilidad, que nunca será sinónimo de complacencia, sino de autoridad. La autoridad que supone asumir el propio poder para discernir, elegir y ser consecuente con ello.

Saber que no soy perfecta ni todo poderosa, me lleva a la humildad de asumir únicamente mi parte, sabiendo que con cada uno de mis movimientos afecto al todo. Me lleva a reconocer mis errores con deportividad y a rectificar siempre que es necesario. Me lleva a sentirme unida a todos desde lo más único que hay en mí y a la vez desde una completa igualdad. Esto me libera y desde esta libertad de ser quien soy, me doy el permiso de expresar y expresarme como soy, sin necesidad de aprobaciones externas.

Vivir despierta no es algo cómodo, pues requiere de una constante presencia en mi cuerpo, de un constante responder responsablemente a lo que me rodea, ya no desde la complacencia a los demás o a mí misma, sino desde lo que se requiere de mí a cada momento, sin pasarme por alto. Es decir, tratándome con el mismo cuidado que deseo para los demás. Tratándoles con el mismo cuidado que deseo para mí.

Vivir así me unifica, me sostiene, me alimenta. No necesito distracciones con las que evadirme o aliviarme de ninguna auto-traición o auto-abuso. No necesito esconder dobleces que ya no existen en mi vida, ni imponerme para hacerme respetar. Vivir así sencillamente da coherencia a mis palabras y dignidad a mi presencia.

Todo este recorrido que he hecho y esta transformación que estoy viviendo no hubiera sido posible si no me hubiera encontrado con Serge Benhayon. Profundizar en todo lo que he recibido a través de sus cursos y presentaciones me ha llevado a comprenderme a mí misma desde una mayor amplitud, así como a reconectar con el verdadero significado y poder de las palabras. La coherencia entre lo que vive y expresa, es una constante invitación a llevar esa misma integridad a mi vida. Agradezco la inspiración que su vida me ofrece y me agradezco haberme dado la oportunidad de explorar la mía más allá del confort.

http://www.unimedliving.com/serge-benhayon/

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade