La cárcel más feliz del mundo
Desde hace cuatro años, que entre rejas y con primates trabaja Lorena Tejero (45). El oficio de “cuidadora de monos” lo ejerce en el Centro de Rehabilitación y Rescate de Primates ubicado en la comuna de Peñaflor. Ahora se dedica a sus hijos, 176 simios.
Por Amy Franklin
El 2014, Tejero quedó sin trabajo en Codelco, se desempeñaba como Jefa de Comunicaciones Internas de la empresa. Hoy, esta profesión –periodismo- es parte del pasado. Tras un anunció en los periódicos conoció el Centro de Primates y comenzó a vincularse como voluntaria los fines de semana. Sin embargo, las idas cada vez fueron más reiteradas y actualmente trabaja de lunes a lunes.

En los tres días que la cuidadora asiste al Centro, se encarga de limpiar las jaulas, alimentar a los animales, ver como amanecieron, saludarlos a todos por su nombre y organizar el centro. El resto de los días, hace las compras en la vega y visita monos.
La subvención del Centro es mediante donaciones personales, nacionales e internacionales y el apadrinamiento de primates. Los monos provienen de distintos países, solo unos pocos de Chile por tráfico para ser mascotas y de los de circos. Generalmente, los monos son rescatados por la directora del lugar en el extranjero, luego se comunica directamente con personal del SAG y realizaran el traslado a Chile.

Lorena al caminar por los pasillos entre jaulas revisando el estado de ánimo de cada simio cuenta lo difícil que es para estos animales el cambio de temperatura en Chile, cada jaula tiene su propia casa para protegerlos del frío le ponen luces y frazadas. Ellos no están acostumbrados a este clima con estaciones tan marcadas y se preocupan de que se sientan los más cómodos posible.
Los traficantes de monos tienden a matar a la madre, ya que son los bebes quienes son cazados. Luego, les cortan los dientes con un cierra para que no muerdan, debido a que hay muchas especies y tienen ocho veces más fuerza que un humano. Finalmente, son tráficados, comercializados o utilizados para espectáculos en los circos

Tejero siente un amor tan grande por este linaje que dice que se han convertido en sus hijos. Al limpiar los cestos en que reparte la comida cuenta el vínculo que ha generado con los animales y su perspectiva del lugar, “esta puede ser la mejor cárcel del mundo porque siempre nos estamos preocupando de la parte emocional de ellos, pero es una cárcel, ellos deberían estar en libertad”, expone. Cuando termina de enrollar la manguera sonríe a uno de sus queridos hijos y habla de sus experiencias, “cuando he viajado por ejemplo a Brasil y veo monos sueltos a mí me da pena, me pongo a llorar y pienso en ellos, mis monitos, que deberían estar ahí y los tengo aquí, en jaulas”, cuenta con la vos quebrantada.

Le pasa un juguete a un jaula de monos ardilla y comenta lo difícil que es trabajar con animales salvajes, “hay veces que se matan entre ellos, es su instinto, trabajamos con la muerte a diario”, reseña. Cuando un mono ya no come más es porque ya no hay nada más que hacer y eso es terrible para la cuidadora. “Mientras están acá le damos una vida digna y una muerte digna también”, explica.
