Como a uno más

El otro día, un amigo me comentaba que estaba tratando de esforzarse por asistir a las reuniones de padres del colegio de su hija. Además de querer participar en estas reuniones, quería contribuir a que su hija viese como algo normal la presencia masculina en la educación infantil. “El 99% son madres, y hasta secundaria el 100% son profesoras…”, me decía.

Hoy, saliendo de la reunión de padres del colegio de mi hija pequeña pienso en el único padre que había en el aula. Escuchando frases como: “…y entonces llega la mamá y le recoge…” o “…porque los niños están en casa con su mamá que les da de comer y llegan aquí…”. Todo en un lenguaje muy feminizado.

Pienso también en mi marido, el único padre en el grupo de Whatsapp del colegio de mi hijo mayor, leyendo constantemente cosas como “hola mamis” o “gracias chicas”.

Me consta que estos padres siguen ahí porque quieren participar de la educación de sus hijos. También porque sienten que deben darles ejemplo y quieren hacer que estas cosas cambien. Pero con estos comentarios, se sienten desplazados y fuera de lugar, cuando ése debe ser también su lugar.

Estoy segura de que no nos damos cuenta cuando utilizamos este lenguaje. ¿Acaso no nos quejamos nosotras de que “la carga de los hijos” cae sobre nuestros hombros junto con la de la casa? Y nos quejamos de que somos “superwomans”, porque además trabajamos fuera de casa. ¿Y cómo vamos a dejar de ser superwomans si alguien no nos acompaña con “nuestras cargas”?

Creo que deberíamos estar atentas a nuestro lenguaje para apoyar su acercamiento. Tratemos a esos hombres que se adentran en “un mundo de mujeres” de la misma forma que queremos que nos traten a nosotras al entrar en “su mundo”… como a uno más.

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