Fragmento (Maleta)

Ya era hora de irnos. Muy confiada del tiempo, me horroricé cuando me percaté que todo mundo ya tenía hechas las maletas. Corrí a la habitación que había sido mi espacio durante esa estadía. El closet estaba todo empolvado y no sabía cuál era la ropa limpia y cuál la sucia. No había tiempo. Tomé la maleta más grande y la encontré no sólo llena de polvo, sino con tremendas telarañas viejas. Quise limpiarla pero ya les dije que no había tiempo. Metía todas mis cosas con el mayor orden que la prisa me permitía. Ya no había espacio y faltaban más. No quería dejar nada, no sabía qué dejar, no tenía tiempo de clasificar, decidir, deshechar… despedirme. Eran las 12 y mi vuelo era a las 2. Era obvio que estaba más que atrasada. Perder el vuelo significaba retrasar mi regreso (¿me iba a casa?) y con todos ya yéndose, al parecer de un lugar muy viejo y abandonado, yo no quería quedarme más.


-¿Ya querés viajar de nuevo?

-(Siempre tengo ganas de irme a algún lado) No


Quedarme nunca ha sido una opción porque siempre ha sido un hecho, una decisión bastante bien alimentada por el miedo y la inseguridad. Lo más sencillo hubiera sido irme sin maletas que cargar. Las cosas pueden sustituirse, las cosas se olvidan porque ya no son importantes y lo importante se queda en vos. Ese miedo de no poder llevarme todo, de olvidar algo, de no poder dejar nada y moverme… es una manera muy sencilla de atarme, anclarme a un espacio donde ya el polvo tomó su lugar.

O tal vez sí me fui. Estoy por dejar lo más rancio de mi ser y ya me voy. Aquí ya no se puede estar. Aquí ya sólo queda dejar que el polvo se vuelva tierra, y luego hierba, y luego flores y al fin árboles.

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