Barcelona, el día después.

“Si el mundo no tuviera fronteras, se vería como Barcelona” — me decía mi amigo Erick hace unas semanas cuando vino a visitarme, asombrado por la multiculturalidad de este lugar. Estábamos caminando por El Raval, a pocas cuadras de Las Ramblas .
Es verdad! Caminar por aquí es sumergirse en la utopía de que un día se borraron las fronteras y cada uno pudo elegir donde vivir y a quien amar. Así se vería el mundo seguramente, todos distintos pero pisando el mismo suelo, sin líneas que nos dividen. Obviando detallitos del sistema migratorio, este pedazo de tierra podría representar el mundo entero, ergo… ayer el golpe fue para todos.
Esta mañana fui a caminar a las Ramblas, fue raro. No era el hormiguero de turistas empujándose del que me quejo todos los días. Hoy la multitud de transeúntes se transformó en minutos de silencio, santuarios improvisados, abrazos y condolencias. Hoy era cruzar miradas con desconocidos que ayer eran extraños, y ahora parecían todos hermanos.
Por la tarde volví a pasar. La sensación cambió otra vez, o yo miré con más atención. Los turistas volvían a acercarse a los puestos de souvenirs y a ocupar las terrazas compartiendo una caña o un helado. Los santuarios se volvieron puntos turísticos donde la gente se agolpaba a ver quién tomaba la mejor foto, que asumo terminaría en Instagram con palabras de apoyo hacia las víctimas. Los reporteros buscando el mejor spot para transmitir desde el lugar del hecho, contando los sucesos y haciendo las especulaciones correspondientes al caso. A mi lado, una señora se acerca a la policía para contarle una situación ocurrida la noche anterior: un árabe (no una persona, no un hombre, un árabe) se estaba masturbando en la calle, y la mujer suponía que podía estar relacionado con el atentado. (WTF?)
Yo mientras me preguntaba si como humanidad seremos capaces de entender el mensaje que este hecho nos trae.
Ayer escuché varias veces la frase: “luchemos juntos contra el terrorismo, ahora todos tenemos un enemigo en común”… mmm… Tantas preguntas tengo!! … ¿Es este el mensaje que nos trae esta tragedia? ¿Por qué tenemos que luchar en contra de algo? ¿No podemos, simplemente, luchar juntos en pro de algo, como la paz o el amor? No se.. yo en esta lucha prefiero quedarme afuera…
Y estoy afuera porque lo que yo quiero es tratar de entender qué mensaje me trae a mí haber estado a seis cuadras de esta tragedia, y qué mensaje nos trae a todos como sociedad. Y me preocupa, porque si seguimos entendiendo mal este mensaje, lo vamos a recibir mil veces más, y lo vamos a seguir pagando con la vida de los que más queremos.
¿Es posible pensar que este acto terrorista nos haya hecho pensar más en el otro? Lo que siento es que el universo nos está pidiendo a gritos más amor, más flores, más abrazos y compasión… Y mientras nosotros le echamos la culpa a dos loquitos (o a un país, o a una religión entera), no somos capaces de entender que estos hechos no son más que un reflejo de nosotros mismos y de la sociedad que estamos construyendo. ¿De verdad vamos a responder con odio?
Yo por el día de hoy, acepto tomar responsabilidad, mi parte aunque sea. ¿Puedo ser menos egoísta, amar más, pensar más en el otro? ¿Puedo ponerme en la piel del conductor de ese vehículo y sin justificarlo entender que es un producto de esta sociedad que todos estamos creando? ¿Puedo suponer que si yo hubiese tenido la vida de mierda que sin dudarlo tuvo esa persona yo también estaría conduciendo esa camioneta? ¿Puedo honrar a las víctimas y al mismo tiempo responder a esta situación con amor? ¿Puedo mantener mi solidaridad una semana después, cuando todos se olviden de los hechos, acercarme al hospital a ofrecer ayuda? ¿Puedo suponer que la lucha contra el terrorismo está ligada a intereses políticos y económicos de personas que probablemente no están paseando por la Rambla, y están pagando con nuestra sangre? ¿Puedo no mirar con desconfianza al mismo árabe que hasta hace dos días saludaba como a cualquier vecino?
Por la noche volví a salir a las Ramblas. Una vez más atiborradas de gente. Caminé por tercera vez en el día, de Catalunya a Liceu. Esta vez fui solo observadora. No me permití enojarme por los empujones ni sacar conclusiones sobre las situaciones que estaba viendo. Amar y no juzgar. Lo repetí en mi cabeza hasta llegar al Mosaico de Miró, al final, no puedo pedir cambio si no hago mi parte. Tengo tanto para aprender, ahora entiendo… a seis cuadras… nomás!