MI

Foto: Fernando Cañete (2104).

La guitarra no siempre suena. No siempre arranca, baila, condena. La guitarra es guitarra porque la tocan sus manos. Y es entonces cuando suena. Cuando aparecen la suavidad, la armonía, inyectadas en la irrupción del momento, en la velocidad del momento, en la fugacidad del momento. El sonido se congela en el minutero, en la ingravidez del tiempo, cuando él no toca; y llega, y te pega, y te atrapa, y te derrumba, y no suena. Pero suena. Suena alto, suena bien, suena inesperado.

Él es sonido, es cambio. Es guitarra. Qué momento. Que vibra cuando arranca, que calienta cuando marcha. El instante que templa. Él no es sonido, pero lo intenta. Y deja cicatriz y bienestar. No en ese orden, sino en un orden inhabitado, vacío, caótico. Más acelerado. Bendito ritmo acelerado.

Y toca. Y toca. Y amarga. Y contradice. Pero gusta.

Toca MI. Y gusta sólo por eso.

(Y una canción).

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