En 16 minutos.
No importaba que se cerraran las puertas, ventanas o candados, los asesinos siempre estaban dentro, el costado ya tenía clavado el hierro oxidado, la cabeza ya tenía la bala encrustada, toda la sangre del cuerpo ya se había derramado incluso antes de morir, podías correr pero esos pasos ya estaban…