Cierro los ojos y veo tu rostro.


Ojos negros y achinados, esos que me miraban con ternura y hasta deseo. Cejas negras, muy bien marcadas, una sonrisa desplegada, con dientes grandes, blancos y perfectos, labios que siempre daban ganas de besar.

Esa melena despeinada. Pasar mis dedos entre tu cabello extraño.

…Y desperté con esas ganas de tenerte aquí.