Desconfiar

Yuval Noah Harari en su libro “De animales a dioses: una breve historia de la humanidad” –el cual no sólo ha sido aclamado sino recomendado como uno de los mejores libros de la época–, sostiene que la humanidad logró consolidarse como la especie dominante gracias a un factor singular: la capacidad de confiar en instituciones, creencias, ideas, que les permitan colaborar a trascendiendo las barreras del espacio y del tiempo. No obstante, esta premisa, que según Harari nos condujo a la cima de la cadena alimenticia, hoy se encuentra tambaleándose gracias al fantasma de la incertidumbre y desconfianza que acechan todo en el universo institucional.

Es decir que, si fue la confianza la que nos enarboló como dioses, es su antítesis, la desconfianza, la que nos conducirá a la ruina.

En un mundo de pluralidades cada vez más consolidadas, y donde se habla de posverdad con vehemencia, las estructuras que sostuvieron el mundo como lo conocimos hoy caminan sobre la cuerda floja. Slavoj Žižek , advierte la construcción de un discurso espontáneo y disidente que tiene lugar en las redes sociales, un discurso que se antoja disruptivo dentro del orden establecido. Los individuos con acceso a la virtualidad existen en dos interfaces, las del mundo “real” –empapada de dilemas de la vida cotidiana–, y la virtual –construida a partir de discursos que se amoldan y al mismo tiempo amoldan la percepción del individuo acerca del mundo–. Una y otra se alimentan constantemente.

En ese sentido, la confianza en las grandes verdades se ve mermada por una confianza a menor escala, en comunidades que comparten los mismos valores y creencias que ponen en entredicho otros valores y creencias de otras comunidades. ¿Cómo cooperar con extraños que no comparten los mismo valores e ideas? ¿Cómo cooperaren entornos donde no existe intersubjetividad? ¿Cómo cooperar con quienes no tienen el mismo propósito de existencia que uno? Y finalmente, ¿para qué hacerlo?

La acción comunicativa –aludiendo a la aportación habermasiana– se antoja distante en un espacio donde existen conceptos como la posverdad. Las fake news y los algoritmos para combatirlas exigen un estado de alerta, de desconfianza constante. El diálogo y la cooperación se ven entorpecidos por la verificación a dos pasos de los “hechos”.

Entonces, si es la desconfianza la que ahora nos persigue; quizá no esté muy lejos la ruina del mundo que se edificó a partir de verdades ampliamente aceptadas por los sapiens.

A manera de conclusión podemos decir que si la unificación de la humanidad, entendida como la capacidad de cooperar a través de ideas que habitan y se propagan en el consiente colectivo, se dio a partir de una revolución de la confianza a larga distancia; los seres humanos tienen la habilidad para colaborar en grupos de millones siempre y cuando existan significados compartidos; estos significados son cada vez más dispersos, por lo que la unificación de la humanidad puede que esté llegando al punto en donde comience a descender.

Al parecer la ley de la gravitación nos haga recordar que no somos tan dioses como se pudo llegar a pensar, y que no solo los cuerpos individuales, sino la colectividad esté sujeta a la máxima popular “todo lo que sube, tiene que bajar”.

@AnaCecilia_PD

Ana Cecilia Pérez D

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Politóloga. Activista. Entusiasta de la tecnología cívica y las políticas públicas.