El centralismo que mata a los alcaldes

Otro alcalde más ha sido asesinado en el país, y con el suman cerca de 43 en los último diez años; década en la que se condenó al pueblo mexicano a vivir asediado por la violencia. La condena fue dictada a partir de un designio federal en donde deliberadamente se relegó la opinión de las municipalidades y por lo tanto de los alcaldes, pues desde hace muchos años se les ha considerado de los agentes menos importantes en los asuntos del poder. No obstante, quien lo piense así temo decirle que está muy equivocado.

Esta situación de relegamiento de los presidentes municipales es un asunto manifiesto en la real politik y no así en la legalidad pues el artículo 115 constitucional ahonda en las cuestiones referentes a la importancia de la potestad municipal. Sin embargo, aunque la ley ampare al tercer orden de gobierno las finanzas los constriñen pues se encuentran maniatados a los presupuestos del los gobiernos federales y estatales.

Ahora bien, respecto a esto se puede argumentar –bajo la lógica del papá gobierno– que los alcaldes no están lo suficientemente preparados y comprometidos para el ejercicio de sus funciones por lo que dotarles de libertar económica propiciaría un aumento en la corrupción, dado que es la usanza de quien ve correr dinero público por sus manos, según los cínicos. Pero por otro lado está la pregunta de ¿por qué no contamos con presidentes municipales preparados y con experiencia para afrontar los problemas de la localidad? Una vez más, la respuesta se encuentra en el cuadrante centralista.

Dotar de poder las alcaldías implicaría dividir el poder en 2,458 agentes, lo cual no creo que convenga a los grandes intereses que consientes del potencial democrático que existe en las ciudades y municipios prefieren ahogarlo en los argumentos de la ineptitud, la ineficiencia y la incompetencia.

Suceden eventos lamentables como las muertes de los alcaldes porque su figura ha sido tan demeritada que no existe autoridad. Y estos mismos hechos invitan a pensar sobre la importancia que tienen los presidentes municipales para impulsar el desarrollo de una democracia más participativa; es el primer acercamiento de los ciudadanos frente al poder y de ello derivará el éxito o fracaso de la legitimidad del sistema en general.

La doble moral (federalista en lo legal pero centralista en la práctica) es una manera de concentrar el poder, la riqueza y el desarrollo. Así como históricamente se ha pensado a la educación como liberadora de los pueblos oprimidos, confiar y aportar al empoderamiento de las figuras municipales significa buscar una democracia más participativa, que es no menos de lo que desean las democracias del siglo XXI.

*Publicado el 5 de agosto de 2016 en Oro Noticias