El lugar común que aún no se habita

Paris, Londres, Estocolmo, Berlín, Niza, Bruselas y Barcelona; Siria, Beirut, Bagdad, Ankara, Estambul, Yakarta y Sinai. Es lugar común cuestionar lo insignificante que es para los medios de corte internacional, cubrir a profundidad los atentados terroristas perpetrados en el segundo grupo de ciudades; no obstante, es un lugar común que no se habita en la práctica; pues recurrentemente se lloran más unas muertes que otras. Se sufren masivamente las penas cosmopolitas, mientras que las otras se sufren en la ignominia.

Este es el panorama de los días de hoy, los días de ayer. La jerarquización del sufrimiento sigue contando con una variable racial que, como un organismo autopoiético, se defiende de la intrusión de esquemas que resten importancia a la blancura de las pieles, la variedad de tarjetas en las carteras, y la integración a un sistema que alimenta sobre todo, el consumo.

Es noticia, que suceda un atentado terrorista; pero es La noticia cuando tiene lugar en alguna de las ciudades más importantes de Europa: ¡¿Pero cómo es posible?! ¿En Barcelona? ¿Ya se encendieron las alertas de Facebook? ¿Has recibido cientos de likes por decirle al mundo que te encuentras bien? Así funcionan los mecanismos de un sistema que busca reproducirse desde la tragedia. Sistema mismo que excluye las tragedias que no lo reafirman, pues, si los atentados terroristas contaran por igual, después de tantos, y con la fluidez de las sociedades líquidas, perderían su valor en el mercado.

Con esto no quiero insinuar que existe menos dolor en los familiares y personas que han sido víctimas en las grandes ciudades de Europa y Estados Unidos, sino que para los medios y las masas es menos rentable hablar de otros dolores que de quienes no se espera que los tenga. Es decir que, la normalización de la tragedia en países del –violentamente acuñado– “tercer mundo”, esteriliza la empatía del observador. No obstante, sucede lo contrario con las utopías cosmopolitas, en donde un ápice de drama es suficiente para despertar el gen altruista –manifestado mayoritariamente a través del click–.

Es lamentable y condenable lo sucedido en Barcelona, pero también es lamentable y condenable que los ojos del mundo miren y compadezcan con vehemencia a las víctimas de una ciudad en la que se espera sólo haya gozo; mientras ignoran a las víctimas que coexisten en un ecosistema donde se inhala constantemente el tufo a muerte.

Seguirá siendo lugar común en tanto no seamos capaces de abrazar las vidas y las muertes por igual.

@AnaCecilia_PD

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