La risa como forma de resistir al #saqueo

Resistir no necesariamente es combatir, no es evidenciar al opuesto, no necesariamente requiere de construir argumentos para nombrarse victorioso. Resistir, en ocasiones, implica invisibilizar, ignorar, dejar pasar. Resistir es pensar con la propia cabeza y no con la cabeza de las masas o de las autoridades.

No es siquiera necesario hacer referencia a los acontecimientos que inundaron las redes sociales y los pensamientos de los mexicanos. El día 5 de enero será recordado como el día en el que se demostró el poder de la desinformación, pero sobre todo, la debilidad de la comunidad. Alienados en el celular, miles de individuos ayudaron a ejecutar una profecía que se cumplió gracias al miedo de la amenaza; cada uno de los que cooperaron para armar el andamiaje del “saqueo” son tan parte de la historia como los propios saqueadores.

Y es que en las redes no se respira más que intolerancia, y odio; odio engendrado por el miedo, por supuesto. Se atacan indiscriminadamente quienes dicen que esto fue obra de gobiernos calculadores y quienes argumentan que fue un suceso real; se desdeñan quienes comparten información fidedigna y quienes gustan del sensacionalismo; se rechazan los que toman esto como cosa serie y quienes tan sólo juegan con ello. Pero lo único que no se ve es que con cada comentario, post, y opinión se pone un ladrillo para construir murallas entre los que forman parte del mismo grupo.

Es más sencillo engañar a una masa que vive en una ilusión de individualismo, que a una comunidad empoderada que se comunica y se procura. Sabiendo eso, echar a andar la psicosis implica únicamente tirar una pieza para generar el efecto dominó; una vez que inicia imposible es detenerlo, pero inmersos en el caos y la paranoia aún hay tiempo para ignorar y salir a caminar. Evadir y preparar algo de cenar. Des-validar y reír con los amigos.

Esa es otra forma de resistir, fundada en la priorización de lo realmente importante. Una resistencia no sólo anti-gobierno, sino anti-sistema. ¿Por qué no hablar de estas maneras de hacerlo? ¿Para qué agredir a los semejantes, cuando son tan víctimas de la influencia exterior como uno mismo?

Quizá esto se lea utópico, e incluso inocente. Pero es quizá esa la mejor forma de hacer frente a un panorama que esperan que creamos desolador, siendo sujetos activos de la desolación. No, es importante resistir a lo que se busca imponer: el caos, la desconfianza y la destrucción de la comunidad.

ceciperezdominguez@gmail.com

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