Sobre los políticos y su vocación.

El asunto de la ética dentro de la política ha sido un tema tan controversial como explorado desde los griegos hasta la actualidad, sin embargo aún no se ha llegado a un acuerdo sobre qué es lo que implica el deber ser dentro del oficio. En ese sentido, resulta fundamental recurrir a uno de los planteamientos más socorridos sobre esta cuestión: la conferencia de Max Weber titulada “La política como vocación”; la cual se ha situado como uno de los tratados más relevantes en la historia de la ciencia política, por tal motivo, se le han dado una multiplicidad de interpretaciones que van desde el pragmatismo hasta la cuestión moral, no obstante, la que merece la pena ser rescatada es la que realiza el Dr. Francisco Gil Villegas, uno de los hombres con mayor trayectoria en los estudios weberianos del habla hispana.

En su obra, Weber hace un llamado a las virtudes de las que debe gozar el político para desempeñar su papel con pulcritud, misma que brilla por su ausencia a la hora de estar inmersos dentro de la real politk. Esto último lo sugirió el Dr. Villegas en la conferencia que impartió esta semana en la Facultad de Derecho de la BUAP titulada: Ética y Política o el dilema de las manos sucias. Desde su profundo conocimiento del tema, el académico mexicano, argumentó con anécdotas y recursos insondables que el político necesariamente se verá inmerso en situaciones que le lleven a cometer actos reprochables ante la opinión pública, o en sus propias palabras, ensuciarse las manos.

Si bien, por ningún motivo esta proposición justifica que se lleven a cabo actos poco éticos, sí contribuye a aceptar que los políticos se encuentran sumergidos en un contexto que les obliga hacer eso si quieren mantenerse en el poder, es decir que el poder, intrínsecamente, refiere a una imposibilidad de universalidad ética.

Amor apasionado por su causa, ética de su responsabilidad, y mesura en su actuar, son las tres virtudes que deberá poseer el político, según Max Weber. No obstante, hacerlas coincidir en un terreno tan hostil como la arena de lucha por el poder político parece, a ojos de los expertos, una tarea quimérica. Pero ello no quiere decir que por su improbabilidad no se trate de alcanzarla, es inadmisible perderla de vista, pues es ahí donde recae la verdadera ética del político.

Inevitablemente lodo y sangre mancharán las manos del político, sin embargo no será lo mismo que nadar en gigantescos pantanos y concurridas morgues.

@AnaCecilia_PD

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