Todo lo que pude ganar perdiendo

Cuando un humano siente, todo se detiene. Cuando un humano siente, todo avanza. Lo aprendí de ti, de esa experiencia que me dejaste al partir.

Tuve dudas alguna vez, tuve jefe alguna vez, todo se esfumo. Increíble como parece que presentimos la muerte o simplemente hay personas listas para dejar un legado. Hace no mucho me promovieron en mi trabajo, cambié de departamento, fui novata otra vez y tuve un nuevo jefe también, generalmente ocupado, generalmente comprensivo, muy joven y de buenas enseñanzas, en el breve tiempo compartido me dijo que encontró su pasión, que dejaría todo por dedicarse a pintar y que dejó de lado metas materiales por querer tener solo lo básico y me recomendó “no pierdas tu tiempo haciendo cosas que no te gustan, déjalo todo y persigue lo que quieres en realidad”, menos de dos meses y más de dos almas tocadas después se marchó, víctima de una enfermedad y no como producto de todo el amor y esperanza con que la gente lo esperábamos afuera, porque parece que cuando alguien se ve próximo a marcharse de pronto todas las palabras pesan más, afortunadamente sus palabras estaban llenas de fortuna y para mí de un propósito al menos.

Llegó el día de la noticia, el día que tuve que escribir algo para distraerme de que no te volvería a tener ahí enfrente sentado a unos 50cm de mi ni para echarte carrilla, decidí escribir todas las ideas de una cuadra de duración que hace poco había pensado mientras corría y que yo misma censuraba una cuadra después de haberlas pensado por creerlas muy tontas. Está vez las escribí para hacer algo por ello ya mismo.

Me di cuenta que ninguna idea es tan tonta, ningún proyecto debe ser perfecto como para dejarlo en el tintero hasta no tener ningún defecto y ninguna vida tan larga como para tomársela en serio, entonces jugaré. Jugaré a escuchar mis ideas que resultó ser que al leerlas se resolvían muchas de las dudas que tenía justo antes de que partieras, ellas respecto a mis propósitos, a mis planes a mi manera de ayudar a la gente, a mi manera de no encajar en ningún trabajo que pudiera encontrar en la web y ninguna idea para emprender. Todo se trataba de compartir. Mi pasión estaba en compartir lo que traigo adentro y jugaré a compartir como nunca.

Puede ser que perdí una cara sonriente frente a mí todos los días, pero gané un millón de sonrisas que a partir de ahora comenzaré a coleccionar desde las personas que conozcan mi proyecto hasta las que puedan recibir una satisfacción a partir de él. Vi como todo un grupo de personas dejó de hacerlo todo por sentirse triste y ahora veo como todo también avanza por sentirme dispuesta.

Adiós perdido, me hiciste ganar un montón de sueños encontrados.

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