Machitos con columnas de clickbait

Recientemente, hay un fenómeno entre los columnistas de ciertos medios, el fenómeno de la búsqueda de la relevancia al buscar decir opiniones que son tajantes y controversiales pero que, según ellos, representan el sentir general. Se le llama periodismo del clickbait: la carnada para clics. Porque eso hacen: “déjame digo algo increíblemente clasista y/o sexista, que represente ‘lo que todos piensan pero nadie se atreve a decir’, el sentir de clasemediero, para ganarle clics a mi columna y justificar los mil pesitos de la columna semanal”.

No importa que ese sentir clasemediero sea nocivo, ignorante, lleno de odio y esté cargado de privilegio. No importa que el columnista, más que ser una voz de la ciudadanía, termine viéndose como lo que es: un pobre tipo parado en una caja de jabón, tirando veneno y desbordando ridiculez.

Cuando comienzas a abrir los ojos y a ver el mundo a través de la perspectiva de género, dejan de ser graciosas muchas cosas. El humor con base en estereotipos de género te comienza a parecer fácil, huevón. Los chistes sobre cómo a las mujeres nadie nos entienden son estúpidos. Los chistes entre hombres, sobre cómo equis cosa femenina te hace “putito” son de lo más asqueroso. Tus programas de televisión favoritos son arruinados porque siempre hay esa parte chiquita de la trama que representa un problema para los feminismos. Al ser abiertamente feminista, hay que desarrollar cierto callo para que a una le rompan el corazón: hay mierda sexista volando por todos pinches lados.

Como de por sí, me tildan de intensa feminazi (sí, hay gente que llega y me lo dice en mi cara, como bromeando pero no), como creen que una siempre tiene ganas de pelearse con todo lo que evoque sexismo, he aprendido a escoger mis batallas. A quedarme callada. No por cobardía pero porque a veces se vale decidir que no todo me toca a mí. No me toca pelearme con todo mundo. Pero luego hay días, como hoy, en los que no puedo. Me hierve la sangre. No puedo con el cinismo y el odio y la miopía y lo ridículo.

Leí la columna clickbaitera de un señor de nombre Álvaro Cueva. El señor en cuestión parte de un supuesto en el que, que Ana Guevara evidencie la golpiza que le dieron, de alguna manera, minimiza la violencia que miles de mexicanos sufren día a día.

Visibilizar un problema no niega la existencia de otro. Suena muy ardido por la prensa que le están dando a una senadora de la república después de que brutalmente la golpearon por atreverse a ser mujer y andar en moto. Cito: “Yo, como cualquier víctima de la violencia, exijo que no se resuelvan los casos de Ana Gabriela y María, que las traten tan mal como nos han tratado a miles de personas y que las dejen así, pasmadas, en la impotencia”.

¿Cómo? ¿El autor le desea a este par de mujeres que han sufrido violencia que no se resuelvan sus casos por hacer berrinche? 
Lo que deberían de exigir es que tengamos un mejor sistema de justicia, empezando por las policías que tenemos, que hacen tortuosas las denuncias.

Sí, sí hay mayor atención a casos mediáticos. Ese es un problema de nuestro país. ¿En qué momento es lógico que ese reclamo sea para las víctimas? Ese reclamo va para nuestros gobiernos que no hacen su trabajo en cuanto a seguridad e impartición de justicia. No hay que ser ridículos. Dice una cosa brutal:

Y al diablo con ese cuento de la violencia contra las mujeres. En México se atenta contra el hombre, contra la mujer, contra los niños, contra los ancianos, contra los pobres, contra los ricos, contra los homosexuales, contra los heterosexuales y contra todos por igual.

¿Cómo es eso? La violencia contra las mujeres no es un cuento. 7 mujeres mexicanas son asesinadas al día solo por ser mujeres. ¿No le dará vergüenza decir semejantes sandeces? ¿A Milenio no le da pena publicar esto?

Esto es no tener vergüenza

Son oportunistas. Tomaron los terribles comentarios viscerales y anónimos que recibieron estas mujeres y buscaron capitalizarlos. Los que deberían tener algo de vergüenza, algo de rigor periodístico, son Milenio y el autor. Dicen que Ana Guevara y María Barracuda se cuelgan de las lámparas para exigir justicia cuando:

  1. El problema de violencia de género en nuestro país no distingue entre Juanita Pérez y una senadora de la república. Hemos llegado a este terrible nivel. Este año asesinaron brutalmente a una alcaldesa, solo por haber llegado al poder siendo mujer. No son cuentos. ¿Qué hubiera pasado si a Ana la hubieran matado de la golpiza que le metieron?
  2. Los que se cuelgan de las lámparas son el autor y Milenio. Titular una columna “el odio a Ana Guevara y María Barracuda”, en una época en la que los feminicidios y la violencia están a la orden del día fue un intento muy ruin por capitalizar en la controversia. No son mejores que los sitios de “no creerás lo que sucedió después”. Hay que tener un poco de respeto para su profesión. No pretendan decirle a los medios cómo proceder, desde tales incongruencias. Eso de promocionar la columna con la cara golpeada de una víctima de la violencia, no es algo fino.

Me enoja muchísimo que esta columna sea representativa del sentir de mucha de la gente que la leyó. Me siento sucia por haber contribuido con mi clic, logrando el fin. Pero me siento con la obligación de decir que este tipo de columnas, que desacreditan la lucha contra la violencia de género, son nocivas para nosotros, para quienes la consumen y tienen que parar. Abran los ojos. Nos están matando.