Sobre el día en que conocí a Don Francisco

(Y no me refiero al conductor de Sábado Gigante)

Recuerdo que mi primera entrada empezaba con un “Prefiero emplear este espacio para contar cosas que no sean muy personales”. Pero hacer eso es más difícil de lo que pensé.

Tengo varios borradores de otras historias que no tratan justamente de cuestiones personales, y me cuesta un Perú terminarlos, dada mi corta memoria. Pero bueno, esa ya es otra historia.

Mientas pienso en cómo terminar esos borradores, cuento rápido mi anécdota del día: fui en la mañana, a la Hemeroteca Nacional, para terminar un trabajo particular. Me llamó la atención la cantidad de personas que hay en ese horario, y más aún que la mayoría era gente muy mayor. Abuelitos como los llamamos algunos.

Más que llamativo, es algo que me puso bastante contenta. Caminan cuadras para llegar ahí y leer el diario del día. (Sí, a todos los vi llegar a pie.)

Entre los Abuelitos había uno en particular que captó mi atención desde un principio. Al principio no entendía por qué. Más tarde me di cuenta de que tenía un buen parecido físico a mi abuelo, pero había algo más.

Un rato después, llegaron otras personas que compartieron mesa con él. Fue entonces cuando lo escuché hablar y lo vi sonreír: ¡era la esencia de mi abuelo!

Don Francisco, con sus 75 años, sigue escribiendo ensayos y poesías. Y transmite una serenidad única.

Me asombra mucho lo parecidas que pueden llegar a ser algunas personas. Y es que habiendo tantos millones de habitantes, sabiendo que somos diferentes entre sí, encontramos (o a veces no) a una persona que es muy similar a nosotros.

Tan tangible era la esencia de mi abuelo en ese lugar, que la abracé. Y cuando quise entablar conversación con el Abuelito, se había dispuesto para retirarse.

Un poco de melancolía y añoranza invadió mi cuerpo.

Quería saber un poco más sobre él, y entablé conversación con la encargada de la hemeroteca:

-Señora, disculpame, ¿el señor que estaba en esa mesa, cómo se llama?

-¿Quién? -responde con un tono un tanto malhumorado.

-El que estaba solo en esta mesa y después habló con los que habían llegado hace un rato.

-Ah, ese es el señor Francisco Pérez Mdwxefcbcr. Viene todos los días desde las 8:30 por ahí, y lee, porque él escribe pues: ensayos, poesías. Y fue director, acá, durante 14 años. Viene todos los días caminando, porque vive a cuadras nomás.

-Ya, ya. Y, ¿Pérez qué es el señor?

-Pérez Mdwxefcbcr.

Después empezaron las preguntas que siempre me hacen, como “¿vos piko naciste acá?” y derivados. Lo cierto es que en ese momento pensé en 2 cosas:

  1. No entendí el segundo apellido del señor.
  2. Lo que me había dicho la señora había confirmado lo parecido que era Don Francisco con mi abuelo: ambos tenían una gran pasión por la lectura y la escritura, ambos transmitían serenidad y templanza, ¡y hasta físicamente eran similares!

Y mediante Google, pude saber un poco más de Don Francisco. Gracias a la tecnología pude conocer un poco más de un señor que está libre de las ataduras de la tecnología (tenía un Nokia 1110) y por ende ni perfil de Facebook tiene; un señor que tenía la esencia que tanto extrañaba.

Abuelo, es re lindo encontrarte en otra persona.

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