Sobre la guerra de Kity

— Hasta siempre —

Hace meses Romi me había compartido una entrevista a la española Margarita Salas, una de las investigadoras en biología molecular más importantes en España y tal vez en el mundo. Básicamente nos cuenta que en ese campo, antes la discriminaban por ser mujer y ahora por su edad: de sus 70 primaveras vividas, más de 45 las dedicó a su carrera.

Pero, y muy importante también, resalta su preocupación con respecto a la poca inversión que se hace en el ámbito de la investigación: “se considera que lo adecuado es dos tercios de investigación privada y un tercio de financiación pública. (…) Yo también digo que la financiación privada no la puedes forzar, entonces, si no hay suficiente, la pública se tiene que volcar para que no decaiga la financiación”.

“(…) no quiere decir que cada uno vayamos a tener una medicina especial sino que va a haber medicina para patrones genéticos determinados. Es decir, que el perfil genético de las personas va a ser muy importante desde el punto de vista de tratamientos adecuados para un cáncer, etc. (…) a unos nos sienta bien un determinado medicamento y a otros mal, pues (…) somos distintos y tenemos un perfil genético distinto” decía Margarita cuando se le consultó hacia dónde va la biología molecular.

Asaltantes de la paz: invertir en guerra es invertir en la muerte

Varios países (si no son todos) viven preocupados por cuidar sus recursos: agua, petróleo, madera, petróleo, carne, petróleo, territorio, petróleo, diamantes, oro, plata…petróleo. Están a la defensiva en todo momento, y “para estar preparados, por cualquier cosa” hacen inversiones multimillonarias en armas, en la milicia, en la marina y en otros elementos claves que serían útiles a la hora de una defensa bélica. Y como bien sabemos, estas guerras ya han sucedido y se llevaron vidas inocentes en los últimos años y de forma casi diaria.

“Muertes por terrorismo 2013–2014: 80% de aumento a nivel mundial — Aumento del 300% en Nigeria”

¿Y con qué derecho se llevan vidas ajenas? De la forma más atrevida someten a un pueblo a vivir en estado permanente de pánico, pensando en que un día más en esta tierra es un día más en que pueden morir.

“Alrededor de 200.000 personas murieron en Siria en los últimos 4 años y medio. Eso es un ataque en París POR DÍA. Así es como se sienten los refugiados.”

Si uno se pone a googlear “Guerra en Siria” se va a encontrar con datos tan crudos como:

  • Crisis humanitaria con miles de muertos (más de 200.000) y millones de refugiados (más de 3.000.000)
  • Ciudades gravemente dañadas y parcialmente destruidas
  • “Conflicto bélico en desarrollo”

Vaya, sí que vivimos en libertad y pleno goce de los Derechos Humanos.


Cuando Kity se fue: no invertir en salud es invertir en…en la muerte

Kity, de 23 años. Foto: Whatsapp

María Cristina, o Kity como la llamaba mi hermano, tenía 23 años, muchos sueños, una guitarra sobre su ropero y tantas ganas de vivir. Quería correr pero no podía, por un impedimento físico que ya le había dejado el cáncer. Peleaba todos los días contra algo que vivía en su organismo, pero ella no iba a soltar los remos jamás.

Acordé con mi hermano que me llevaría a conocerla en cuanto terminara mis exámenes parciales de la facultad, pero siempre tenía noticias de ella a través de él: un día estaba triste, al día siguiente despertaba con más fuerzas, y otro día despertaba más asustada, la quimioterapia fue suspendida un tiempo por unas complicaciones, pero nunca perdió la sonrisa. Él y otros amigos la visitaban, le llevaban música y charlaban con ella; le hacían compañía y le hacía muy bien, porque era lo que necesitaba para renovar fuerzas.

Ayer Kity estaba muy asustada: le tuvieron que cambiar el medicamento porque la quimio, que había retomado, no tuvo efecto y el tumor aumentó un poco.

Ahora me escribe mi hermano, me dice que Kity se despidió hace unos minutos. La muerte vino a buscarla y la encontró remando, cansada, pero remando.

Mi mamá, que estudió Bioquímica, me explicó que el cáncer avanza mucho más rápido en jóvenes porque, así como en la juventud se proliferan las células “normales”, también hay una renovación y multiplicación constante de las células cancerígenas. El incremento de ambas es proporcional, y por eso la batalla es más dura.


Inicialmente empecé escribiendo esta entrada para hablar de las inversiones en guerra y en investigaciones en el campo de la salud, pero la historia de Kity refuerza mi intención prima y deja un mensaje muy claro: el mundo NECESITA que haya un amplio incremento de inversiones, tanto del sector público como del privado, en el campo de la investigación para la salud, además de invertir en educación, invertir en bienestar.

Ya decía Margarita Salas en esa entrevista: “en investigación básica, (…) Severo Ochoa (…) decía hay que hacer investigación básica de calidad, y hay que dejar al investigador libertad para realizar esa investigación. Y de esta investigación básica saldrán resultados que no son previsibles a priori y que redundarán en beneficio de la sociedad.

Kity no luchó en ningún campo de batalla, con armas de fuego. Ella tuvo una guerra que habitaba en ella, contra algo que ya debería tener una solución.

El mundo NECESITA que se invierta en la paz y en la vida, y que paren de hacerlo en la guerra y la muerte, que se piense en el bienestar de las personas. Que no haya otra como Kity, que muera el cáncer.

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