Los goyos

Anaí Palacios
Aug 24, 2017 · 2 min read

Mi casa siempre estuvo llena de niños aprendiendo cosas, leer, escribir, tablas, raíces cuadradas, lo que fuera. Mis padres daban regularización, una especie de tutoría a los niños de mi barrio y del barrio vecino.

Entre ellos había unos hermanos llamados Clemente y Gregorio, iban en el mismo grado aunque Clemente era mayor. Nosotros nos referíamos a ellos como "los goyos". Eran larguchos y flacos, al menos así los recuerdo. Se parecían algo a los personajes de las caricaturas del Canal de la O, tenían el mismo corte de pelo y usaban unos suéteres de cuello alto y franjas horizontales. Su cara siempre estaba sucia, porque trabajaban con su papá en un taller mecánico.

Pasaban mucho tiempo con nosotros. Una vez, incluso, nos acompañaron a una exposición de dinosaurios, Clemente era muy fan.

Los goyos eran bastante peculiares.
Los vi limpios una sola vez, ese día olían a crema teatrical y aunque no lo dijimos, ese día todos estábamos emocionados por el acontecimiento. Lo cierto es que los admirábamos mucho porque eran niños trabajadores.

También recuerdo que al inicio de cada ciclo escolar, su papá los mandaba a la zona de papelerías en el Centro para que buscaran sus útiles, pero no les daba dinero. Así que ellos se inventaban una historia. Eran niños muy pobres que querían salir adelante. Los de las papelerías les daban de todo. Siempre tenían de lo mejor. A nosotros nos daba risa, sobretodo porque nos parecía inverosímil.

Vinieron a la casa todos los días hasta que terminaron la prepa en el bachilleres 12 y de todas las cosas que recuerdo de ellos, siempre hay una que me provoca una carcajada. Cuando jugando, Gregorio gritó: "¡Primero muerto, antes que morir!"

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