Crónica de una quema anunciada

Esta redacción la hice un día después de que ardió el Congreso Nacional del Paraguay. Estaba en mi primer día de redacción creativa y la consigna fue ¿cómo te enteraste que quemaron el Congreso? El momento era tan oportuno para escribir esto.

Por @analialopezpy

Estoy en una cobertura, apenas puedo leer los mensajes que me llegan al whatsApp.

¡Se aprobó la enmienda! ¡Son unas ratas! ¡Oikota la mokete! ¡Vamos ya a la plaza!

Me tomo mi tiempo y me aparto de la gente, ahora vuelvo a revisar el celular; en uno de los grupos enviaron la foto de Martín, estudiante de mi facultad, herido en la cara con balín de goma y abajo el titular “Hay incidentes sobre 14 de mayo”.

“Analia, vení te cuento los productos que están en descuento”, me dicen en la cobertura. Solamente tengo ganas de terminar rápido y salir corriendo. ¡Por fin termine! Mientras tanto mamá me escribe “Beba, vení directo a casa. Cuidate”. “Tengo miedo, pero estoy con Toto” le respondí.

Me subo al auto y lo primero que pienso es “Al pedo no tengo mi cámara. Quiero guardar este momento y quiero ir a ver qué pasa”. Llego en el momento exacto, ni antes ni después, en el momento más sublime. ¡Los paraguayos entraron al Congreso! Mientras escucho el estribillo ¡LA RAZA PARAGUAYA ES VENCER O MORIR…! Mi piel de gallina es imparable.

Tengo miedo, en estos pocos minutos me hicieron correr varias veces, parece algo que solo les pasa a los delincuentes pero no… estoy cerca de los móviles de los canales, alcanzo a ver algunos conocidos. Prendo la radio, desde el celular, el diputado Velázquez dice “Esto no nos imaginábamos. No puede ser que entre paraguayos nos estemos peleando. Mañana ni pasado ni el lunes se realizará la sesión”.

Mientras tanto las llamas ya están consumiendo todo el primer piso del Congreso y la gente sigue gritando “SERAN ALLÁ NUESTROS PECHOS LAS MURALLAS…”

Tengo tres llamadas perdidas de mamá, ella no sabe dónde estoy. Le devuelvo la llamada, escucho sus groserías y va ser mejor que vaya a casa. Me duermo a las doce, todavía preocupada por los que quedaron en el Congreso.

Me despierto con el grito de mi sobrinito “Tía levantate ya”. Estoy un poco atrasada para mi primer día en el taller de escritura. Es sábado, mi tradicional café con chipa Feliciana que se vende en el centro no me puede faltar. Estoy muy cerca del Congreso, quiero recorrer; consciente que voy a llegar tarde.

La gente sigue ahí, los cascos azules también. Los carros hidrantes son más ahora. Todos estamos en alerta. Mientras tanto en Tragaluz, tomamos café, agua o té y compartimos nuestra primera lectura juntos.

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