Play in case of emergency

Ayer salí súper contenta del consultorio de Adriana, neta estaba contenta, lágrimas de felicidad y todo el pedo.

Salí creyendo que ya por fin había aprendido o estaba en camino a aprender a lidiar con que no todo saldrá siempre como yo quiero, y que eso está bien. No sé ni qué estoy escribiendo, ¿cuál es mi postura? ¿creo o no creo, lidio o no lidio?

El punto es que la pinche vida se dedicó a ponerme a prueba, con pendejaditas irritantes, no crean que me pasó la gran tragedia, no. Pero que algo se me “olvide” es para mi igual de trágico que sufrir una esguince en el pie izquierdo. A mi no se me olvidan las cosas, a mi no me tienen que recordar que habrá una junta, a mi no se me olvida la pinche lonchera en el techo del pinche coche cuando bajo de mi departamento cargada de cosas.

No. A todos les pasa, porque son unos pendejos distraídos, pero yo no. Son golpes al orgullo darte cuenta que tu vida no puede ser tan perfecta como quisieras que lo fuera.

Y neta me encabrona, ese es el verdadero problema. No perderme la junta o tener que comprar mason jars nuevos o pedir Uber eats hoy porque mi comida seguro está desparramada en algún punto de López Mateos.

Y ahora, tratemos de tener un cierre positivo a este tren de pensamiento que nomás me hace ponerme de peor humor, (sí, siempre se puede). Creo que nunca van a dejar de molestarme esas pequeñas cosas que en realidad son enormes en mi mente. ¿Qué hago? escucho el nuevo disco de Lady Gaga porque me encantó, fui al Oxxo por un capuccino mocha que de capuccino no tenía nada, pero fue muy dulce y calientito. Ahora me iré a servir un café de verdad, seguiré escuchando a la Gaga, quizá al rato ponga mi Play In Case of Emergency playlist y trate de que el mal humor no incida en el hoy, suficientes corajes hice anoche, hoy en la mañana y hasta dormida (desperté enojada por el sueño, imaginen).

No hay un checklist de qué hacer en momentos de estrés, descontrol o histeria interna, pero creo que se trata de buscar (¿encontrar?) la manera, somehow, de no dejar que trascienda porque entonces me dedico a encontrarle lo jodido a todo, y ahí sí ya valí madre.


Update.

La lonchera no estaba en el techo del coche, luego de bajar con todas mis cosas y prender el coche, subí de nuevo porque había olvidado el garrafón que tengo que ir a rellenar en la tarde; dejé la lonchera en la cocina al subir porque se me ocurrió pintarme la pestaña y ahí se quedó siempre. Y uno, mentando madres.

¿Cómo lo recordé? Después del 3er café.

Le pedí a mi novio que fuera al depa por la lonchera mientras pedí un Uber, se sincronizaron perfecto y la lonchera con mi comida y pedidos Color Mazapán, llega en 3 min en un Tiida plateado.

Las cosas buenas no se cuentan, pero cuentan mucho.

Les dejo el playlist, pa que vean que soy cuate
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