Un minuto de silencio por la que se fue y no ha sabido regresar, por la que se perdió y ahora merodea calles vacías y cuartos oscuros. Y desde el futuro una voz le llama, le pide que siga caminando, que atraviese la neblina; le advierte sobre el laberinto.

Pero la voz es sólo un susurro que suena a olvido, a un momento ya vivido más no superado. Y de pronto todo se calla y no sabe hacia dónde andar, sigue rotando, rondando, paseando por senderos que no parecen terminar. No sufre, no se cansa, no desespera; no tiene un motivo, prisa ni razones; no conoce la salida como una posibilidad.

Y desde el futuro todos los postes tienen su cara, se busca su rostro en fotografías viejas, en recuerdos que demuestren que existió. Pero nadie le ha visto en mucho tiempo, hay quienes le recuerdan como una idea. De pronto la voz del futuro se cansa, se rinde y no busca más, le cortan la luz. Y aquella que con tanto ímpetu y brillo se fue, hoy no encuentra vías para vivir en el hoy, quedó atrapada entre dos cristales, limbo que se mantiene vigente sólo en recuerdos.